Japón ejecutará en la horca al gurú de la secta del gas sarín en el metro de Tokio
INTERNACIONAL
Shoko Asahara, gurú de la secta Verdad Suprema, autora del peor atentado terrorista que ha sufrido Japón, será ejecutado en la horca después de que el Tribunal Supremo ratificara ayer su condena a la pena de muerte. Asahara, de 51 años, ha agotado así todos sus recursos judiciales después de que en el 2004, el Tribunal Provincial de Tokio le hallara culpable de haber inducido a su organización a cometer 13 crímenes que resultaron en la muerte de 27 personas. De entre todas las fechorías perpetradas por su secta apocalíptica, el ataque múltiple de 1995 al metro de Tokio con gas sarín ha quedado grabado en la historia negra del país. Seis personas murieron y 6.000 resultaron intoxicadas después de que varios de sus correligionarios sembraran el caos en el suburbano nipón al derramar el gas letal con los trenes abarrotados de gente, en hora punta de la mañana. Los abogados de la defensa habían recurrido la sentencia a la pena capital alegando que Asahara sufre un desorden mental que no le permite afrontar un proceso judicial de semejante magnitud. Ahora, los letrados emitieron un comunicado limitándose a afirmar que la sentencia era «parcial e injusta». El atentado contra el metro, de una magnitud sin precedentes en Japón, puso de manifiesto la vulnerabilidad del país ante el terrorismo y alertó a las autoridades ante el peligro que representa para la población las sectas con tendencias apocalípticas. Además de Asahara, cuyo nombre real es Chizuo Matsumoto, otros 13 miembros de su antigua organización también han sido condenados a muerte. La mayor parte de los homicidios de los que se le responsabiliza fueron de abogados de los disidentes de la organización o de personas que luchaban legalmente contra los lavados de cerebro practicados por la secta y su progresiva marginación social. A pesar de las atrocidades cometidas por esta secta, Japón sigue sin reconocerla como un grupo terrorista, al contrario que EE.UU. y la Unión Europea. Hoy sigue existiendo bajo el nombre de Aleph.