Paz Ramírez, paciente de cáncer: «Me niego a esconderlo, hablo de la enfermedad con todas sus letras»
ENFERMEDADES
La pontevedresa, residente en A Coruña, fue diagnosticada en el 2021 de un tumor de mama triple negativo, que ha evolucionado a una metástasis
25 sep 2026 . Actualizado a las 14:54 h.La historia de Paz Ramírez Solla comienza como la de muchas otras mujeres, con un bulto en el pecho. A finales del 2020, esta pontevedresa de 52 años, aunque residente en A Coruña, acudió al médico con este síntoma buscando un diagnóstico. Primero, obtuvo un nombre incorrecto ante una biopsia que salió negativa: mastitis granulomatosa.
Así que en marzo del 2021, «el dermatólogo me dijo que no era una enfermedad de su especialidad, y que el cirujano me estaba esperando en la planta superior del hospital. Ahí me di cuenta de que las cosas no iban bien», recuerda. La biopsia, esta vez, salió positiva. Era un cáncer de mama triple negativo, un tipo de tumor invasivo que no tiene receptores de estrógeno, de progesterona, ni niveles altos de la proteína HER2.
Los tratamientos que le habían pautado, como era lógico, no le funcionaban. Así que, en la medida de lo posible, fue poniendo en preaviso a su marido. «Agárrate que vienen curvas», le advirtió. Esto le ayudó a aceptarlo, a asimilar todo lo que se le venía encima. «Reconoces que es una pena, porque has perdido unos meses de hacerle frente, pero ver que el problema no se curaba, me hizo ponerme en los zapatos del diagnóstico», indica. Esto no redujo el golpe inicial, pero sí le ayudó a llevarlo mejor. «El cáncer no solo lo llevas tú, también los de tu alrededor. Fue un shock, pero tuve tres meses para prepararme inconscientemente», reconoce. Pasó por quimioterapia, intervención quirúrgica, radioterapia y, de nuevo, quimioterapia por vía oral.
Cuando creía que todo había terminado, le dieron la peor de las noticias. Dos años después, le apareció una metástasis con lesiones en el pulmón, en el mediastino, en una vértebra y también en el cerebro. Ahí, dice, sintió miedo. Sin embargo, se sobrepuso enseguida. «Llevo la enfermedad muy bien, intento no sentirme enferma», apunta. Tanto, que sigue trabajando. El padre de Paz también falleció por un cáncer; ella cree que esta experiencia, sumada a su personalidad, a lo que lleva en el ADN, le regala una personalidad muy optimista y positiva.
Habla de la enfermedad como si fuese un tema más. No le resta importancia, pero sus palabras pesan menos que la desgracia que supone. «Si físicamente puedo llevarlo bien, porque a nivel de síntomas así estoy, mentalmente también tengo que llevarlo bien», explica. Parte de esta mirada, dice ella, se la debe a su familia: madre, marido, hijos, hermanos y tíos. «Es como la pescadilla que se muerde la cola, si yo estoy bien, ellos están bien».
La Voz se reúne con Paz después de una jornada en la que la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) ha organizado una mesa de diálogo con varios investigadores oncológicos. Esta pontevedresa ha podido conocer, durante esta charla, algunos de los trabajos en los que ellos se vuelcan. Piensa, por ejemplo, en los ensayos clínicos. Ella todavía no forma parte de ninguno, y aunque espera seguir así mucho tiempo, conocer las distintas investigaciones le aporta mucha esperanza. «Si mi tratamiento de quimioterapia deja de funcionar, como en principio puede suceder —ella ya ha sobrepasado la durabilidad media de la terapia— cruzo los dedos para tener la posibilidad de seguir viviendo gracias a una investigación. Gracias a todos esos proyectos, muchos están y estamos vivos».
Ella, al igual que hace la AECC, y muchas de sus compañeras de la entidad, considera que se tiene que hablar del cáncer. Hacerlo le resta miedo a nivel social y libera carga mental a sus pacientes. «Me niego a esconderlo. Por ejemplo, si los amigos de mis hijos saben que estoy enferma, y por desgracia, este diagnóstico llega a sus familias; creo que el haber convivido conmigo y haberme visto bien puede hacerles pensar que en su caso también será así y pueden normalizarlo», espera. Mientras tanto, ella habla del cáncer «con todas sus letras».