«Ja ganhou e vai mudar tudo»

Anxo Lugilde ENVIADO ESPECIAL | BRASIL

INTERNACIONAL

A. L.

Las esperanzas depositadas en Lula son enormes. Pone la piel de gallina el escuchar a sus seguidores hablar del cambio que se avecina a favor de los pobres

26 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Los candidatos ya terminaron su trabajo, pero la campaña sigue para las bases. En el día de reflexión y el de la elección. En Brasil se puede pedir el voto en la propia jornada electoral, siempre que sea a más de cien metros de los colegios. Pero más que campaña, ayer en São Paulo se vivía el anticipo de la fiesta. «Lula ja ganhou e ele o vai mudar tudo», era el grito de guerra de muchos jóvenes, como Luiz un voluntario del Partido dos Trabalhadores que repartía propaganda frente a la catedral, en el corazón de la mayor ciudad del país, con más de 15 millones de habitantes. De la plaza de la catedral sale la Rúa Direita llena de tenderetes de callejeros, de comercio, de gente. «Aserejé..», se escuchaba en uno de los puestos. Ni en São Paulo se puede librar uno de Las Ketchup. En la siguiente plaza, la de Ramos, había una auténtica batalla incruenta al pie de un semáforo. Varios decenas de simpatizantes del Partido dos Trabalhadores (PT), el de Lula, competían a gritos con otros tantos seguidores del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de José Serra. Los del PSDB no se rinden. «Serra no perdió todavía. Hasta el último momento seguiremos luchando», afirma Romeu, un joven estudiante. Pero ellos también tienen motivos para la alegría. Las encuestas auguran la victoria de su candidato a gobernador de São Paulo, Geraldo Alckmin, sobre Genoino, del PT. Privilegio Esa posible derrota no amarga a los partidarios de Lula, sumidos en un estado de exaltación histórica. «Vivir esto es un privilegio tremendo. Que por fin los pobres tengan algo que decir en este país, que se vaya a cambiar la política. Es algo fantástico», opina Mariana, una maestra de 30 años, nieta de extremeña. El discurso de la gente del PT es vibrante. Luciana, abogada de 31 años, y Katy, ingeniero de 29, pasean con dos enormes banderas rojas con estrellas blancas. «Va a haber un cambio enorme. Se terminó la política supeditada a los poderosos y a Estados Unidos que aplicó Fernando Henrique Cardoso», proclaman. Licenciados y trabajadores humildes van de la mano por el camino de la esperanza, una de las palabras más usadas por Lula. Janette, empleada de limpieza en un hotel, votará a Lula: «Él se ocupará de nosotros. Es obrero y perdió un dedo trabajando. Sabe lo que es sufrir». Pero no todos los empleados están con Lula. Cristina, dependienta de una tienda de fotografía en un lujoso centro comercial, dice que votará a Serra: «Lo peor de Lula es su partido. No son de fiar». ¿Y si Lula no cumple sus promesas? «En las campañas siempe se exagera, pero él sale del pueblo y tiene una ideología muy diferente y va a haber un cambio», responde la abogada Luciana. Para Jenette, empleada de la limpieza, el riesgo existe: «Sería el mayor desastre». «Si Lula hace lo que todos los anteriores, la frustación va a ser tremenda y aquí pasará algo como en Argentina», sentencia un taxista.