Policías y soldados prestan sus armas a los delincuentes de Kinshasa a cambio de una parte del botín que obtengan en sus atracos La vida del ladrón resulta un poco más fácil en la República Democrática de Congo. En este país, las fuerzas del orden no sólo no entorpecen la labor de los delincuentes, sino que incluso les facilitan los medios. A cambio de una parte del botín, cualquiera de las bandas que operan en la capital, Kinshasa, puede disponer de armas reglamentarias de la Policía o del Ejército.
20 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.En los últimos meses, una ola de atracos ha sembrado el terror entre los habitantes de Kinshasa. En este tiempo, las fuerzas de seguridad han detenido a docenas de delincuentes a los que se les han incautado arsenales impresionantes. La explicación la dieron los propios detenidos, que confesaron que las armas se las habían proporcionado policías o soldados que recibían hasta el 30% del valor del botín a cambio de «prestar» por algunas horas su herramienta de trabajo. Lambi Kisekua, líder de una de estas bandas, asegura que el sistema «funciona bastante bien y es muy seguro, porque no deja pruebas». Después de cometer los robos, los atracadores devolvían las armas a sus legítimos propietarios y quedaban limpios de toda sospecha. Medidas La situación ha obligado al Gobierno presidido por Joseph Kabila a poner en marcha el programa Ratón para detener el tráfico ilegal de armas. Como primera medida, el pasado mes de febrero se prohibió que los agentes circulasen armados fuera de sus horas de servicio. Además, el Gobierno ha iniciado un proceso de depuración de las fuerzas del orden, para castigar a los «cómplices de la criminalidad». Pero las implicaciones de este insólito tráfico van más allá y amenazan incluso la estabilidad del país. Algunos medios oficiales no ocultan la preocupación que les produce que las armas de las fuerzas gubernamentales puedan llegar a manos de los rebeldes contra los que luchan desde hace casi tres años. En julio de 1998, grupos guerrilleros se alzaron contra el Gobierno, al que acusan de corrupción. Desde entonces, acosan al régimen de Kinshasa con apoyo de tropas regulares de Ruanda y Uganda. Una guerra que ha sumido al país en la ruina y en la que los soldados pueden estar recibiendo balazos de sus propias armas.