ARANTZA ARÓSTEGUI ANÁLISIS
21 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Hace un siglo, Argentina era uno de los cinco países más ricos del planeta. Ahora, este país, que sigue siendo potencialmente rico, es pobre. Son legión los argentinos que ya no tienen dónde apretarse el cinturón y la mayoría desea desertar del país, donde no ven futuro. En la época dorada, los argentinos se acostumbraron a vivir de su enorme potencial agrícola y despreciaron el desarrollo industrial. Hicieron un país donde no se fabrica nada y todo se importa. Esta situación llevó a conformar una creencia colectiva de que todo lo bueno viene de fuera. Ha tenido muy mala suerte este querido país. De la abundancia de antaño -mucho nos ayudaron en años de escasez-, sólo queda el recuerdo de tiempos felices. Las juntas militares asfixiaron el país en el plano de las libertades y no supieron gestionar su economía. Restablecida la democracia, los gobernantes estuvieron tan ocupados y preocupados en realizar de forma pacífica la transición política, que la economía quedó a su libre albedrío y entró en una espiral de hiperinflación. Para atajarla, se aplicaron draconianas medidas de ajuste inspiradas por el Fondo Monetario Internacional. Además, se implantó la dolarización que, si bien les permitió controlar la inflación, les hizo prisioneros de esta divisa. A la par que ésta se fortalecía, se debilitaba la economía argentina, penalizando sus exportaciones agrícolas y ganaderas. Las drásticas medidas económicas adoptadas en la etapa de Ménem terminaron por eliminar la clase media, haciendo más profunda la distancia entre los pocos ricos, aferrados al potente dólar, y la gran masa de pobres, que día a día engrosa sus filas con gentes que hasta entonces disfrutaban de cierto bienestar y nivel de vida. Durante este último año y pico, De la Rúa ha demostrado hasta la saciedad que el puesto de presidente le viene grande y que está desorientado sobre qué hacer para sacar al país adelante. Su gestión económica ha sido tan dubitativa y cambiante, que ha hecho de Ménem un gobernante añorado. Es muy posible que el polémico Domingo Cavallo, al que De la Rúa se aferra como si tuviera la varita mágica, no pueda hacer ahora lo que antes no pudo. Estos últimos años, la situación ha cambiado de forma radical: los argentinos han perdido la confianza en sí mismos y en su capacidad de sacar al país del gran agujero en que se encuentra. Recuperar la autoestima del pueblo argentino se antoja tarea imposible para Cavallo y De la Rúa.