Cuentos de los hermanos Grimm: Google recuerda con Caperucita doscientos años de moralejas

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Las inocentes historias de Jacob y Wilhelm Grimm no fueron siempre historias aptas para los más pequeños. En sus orígenes fueron relatos duros y descarnados que rozaban el sadismo. La primera edición de los cuentos de los hermanos alemanes se publicó hace hoy 200 años, el 20 de diciembre de 1812

20 dic 2012 . Actualizado a las 18:46 h.

Los cuentos de los hermanos Grimm llevan dos siglos generando sueños y repartiendo lecciones de vida. Caperucita Roja, Blancanieves, Cenicienta. Pocas historias modelaron tanto la imaginación del género humano como los cuentos de los hermanos Grimm, que este jueves cumplen 200 años convertidos en un tesoro cultural que va más allá de religiones, modas, países y edades. Para celebrar este bicentenario Google ha plantado una original Caperucita en el medio y medio de su página principal. Se trata de uno de sus habituales doodles, logotipos modificados de forma creativa y divertida por el buscador para conmemorar determinadas fechas significativas.

«Son nuestro Antiguo Testamento», resumió recientemente el escritor alemán Martin Walser con respecto a los cuentos de los hermanos Grimm. Desde esa primera edición, los cuentos de de los hermanos Grimm se tradujeron a más de 170 lenguas y están considerados uno de los libros más difundidos en el mundo y la obra más influyente de la literatura alemana en el exterior junto con la Biblia de Lutero. Por si esto fuera poco, desde el 2005 son parte del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO.

¿Cómo se explica tal éxito de los cuentos de los hermanos Grimm? «Sus cuentos tratan diversos conflictos de una forma ejemplar. Los problemas se resuelven desde una visión optimista del mundo, desde un principio de esperanza», explica Hans-Jörg Uther, experto en los hermanos Grimm. Para el profesor Holger Ehrhardt de la Universidad de Kassel, donde los hermanos Grimm vivieron y escribieron parte de su obra, «el ser humano contó cuentos y mitos a sus niños desde siempre por razones pedagógicas». La narración ofrecía a los niños lecciones de vida «y a los adultos explicaciones sobre fenómenos naturales como el rayo».