Seis meses para que se cierre un ciclo tan largo como lleno de éxitos


Vigo

En el caso que nos ocupa, no es una frase hecha. Sergio Álvarez lleva media vida al servicio del Real Club Celta, club al que llegó con 17 años; ahora, con 34, el de Catoira sabe que encara su recta final en un club que no parece vaya a renovarle al final de esta campaña en la que permanece inédito a causa de una larga lesión de rodilla. La transición ya se ha completado y el futuro de este puesto pasa por Rubén Blanco e Iván Villar.

Más allá de que fuera un portero que tuvo que convivir con la presión por suscitar opiniones de todo tipo entre la afición de Balaídos, no podemos obviar su lealtad hacia la entidad. Por eso, y puede que me esté adelantando excesivamente a los acontecimientos, sería bueno que el Celta despidiera a su jugador como se merece y más allá de esas frías y protocolarias notas oficiales a las que nos han acostumbrados de un tiempo a esta parte.

Y es que Sergio ha estado presente en los grandes momentos protagonizados por el Celta durante esta última década. Entre otras cosas, El Gato de Catoira formaba parte de la plantilla del último ascenso a Primera División y ya consolidados en la élite, fue el portero en Old Trafford de esa recordada semifinal de la Europa League además de ser determinante en las últimas victorias celestes en el Camp Nou (liga) y Santiago Bernabéu (Copa del Rey).

Este futbolista al que no se conoce ninguna salida de tono y que siempre fue alabado por los sucesivos técnicos que le entrenaron, jugase o no de forma regular, no disputa un partido oficial desde el choque copero del pasado 23 de enero contra el Mirandés. Por ahora, el contador de encuentros se ha detenido en 187. Su último servicio, que fue decisivo para que el Celta no descendiera la pasada temporada, fue aceptar ser dado de baja para que pudiese llegar Nolito.

Por todo ello, sería bueno que Carlos Mouriño pensara qué se le puede ofrecer a Sergio más allá del próximo 30 de junio y cómo encajarlo dentro del club que considera como algo suyo. Hasta ahora, cada vez que los dirigentes pronunciaron la palabra afouteza fue de forma inconsistente. Con Sergio Álvarez Conde, modelo de profesional y persona, tienen ahora una buena ocasión para lucirse y reconocerle los muchos servicios que ha prestado.

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Seis meses para que se cierre un ciclo tan largo como lleno de éxitos