Daños colaterales


Vigo

La (necesaria) remodelación de Balaídos se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción entre Abel Caballero y Carlos Mouriño. Al presidente no le gusta nada lo que se quiere hacer y el alcalde ha encontrado todo tipo de artimañas legales para no haber empezado las obras en el estadio vigués.

Mientras otros clubes y ayuntamientos españoles de todo tipo y condición han aprovechado la pandemia para beneficiarse de la ausencia total de espectadores en las gradas y modernizar sus estadios, en Vigo nada se ha hecho desde el último partido con público que fue el 22 de febrero en la victoria mínima ante el Leganés.

El Celta visita el próximo fin de semana al Levante. Pero lo hará en el estadio del Villarreal porque el Ciutat de Valencia, como el Santiago Bernabéu o Anoeta han aprovechado estos meses para que la piqueta actuara y que el recinto granota esté disponible cuando sus aficionados puedan volver a ocupar sus asientos.

O la prohibición se prolonga en el tiempo, o mucho me temo que las obras de remodelación de las gradas de Marcador y Gol del estadio Balaídos -que acumulan muchos años de retraso- tendrán que convivir con la presencia de público en las gradas con las molestias que ello supone para ellos y el trastorno económico para la entidad.

Lo que está sucediendo con Balaídos no deja de ser un importante daño colateral en el (largo) enfrentamiento entre Caballero y Mouriño. Casi ocho meses desperdiciados y tirados por la borda. Y es que por mucho que se empeñe el alcalde vigués, el estadio dista mucho de poder ser algún día el Guggenheim del fútbol.

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