Con un guion bien pautado

La dinámica marca el momento actual del Celta


vigo

Diciembre 2017, recuerdo leer una entrevista en Grada de Río a Brais Méndez después de su titularidad en el Camp Nou. Además de la correcta percepción que él hizo sobre su carrera futbolística me llamó la atención los adjetivos que utilizó para definirse como futbolista… «Frío, atrevido y diferente».

El fútbol se ve con los ojos de las emociones y el jugador o convence con su juego o con su entrega, sobre todo cuando en las dinámicas negativas se pone tan frecuentemente el ojo sobre la actitud y ahí los jugadores fríos parecen más fríos de lo que son. El rendimiento del de Mos ha sido blanco de las críticas en la cuesta abajo general del equipo y ahora centra los elogios en lo que a todos parece una milagrosa transformación.

Hostiga en la presión, roba, se asocia al primer toque, asiste y, además, golea. Un cambio sin duda que solo se entiende en la cabeza de un deportista y en lo que se hacen llamar dinámicas o, más técnicamente, autoconfianza. Una autoconfianza que no es infinita, que es necesario que sea alimentada y que cobra más importancia en el resultado obtenido cuanto mayor sea la exigencia. Y ahí es donde cobra fuerza la figura del entrenador.

Un objetivo claro

Sea el nivel que sea, el deportista, para rendir, necesita tener claro un objetivo, el cómo realizarlo e interiorizarlo. Ese objetivo táctico a alcanzar y cómo se transmite a los jugadores es lo que se vislumbra que ha cambiado en el equipo. Porque, sin ir más lejos, este Celta no se diferencia tanto tácticamente de otros que ya hemos vivido y no han triunfado.

El cerrar a los dos interiores buscando la superioridad por dentro y dejar las bandas a los laterales, el intercambio de posiciones, la presión alta… Ya es algo visto, aunque de manera fallida, en el pasado.

Los celestes han encontrado el equilibrio en medio campo repartiendo el mando defensivo y ofensivo con dos jugadores que tienen muy claras sus funciones. Tapia y Denis, cada uno en su faceta, mandan.

Brais y Nolito generan confusión en el rival que no sabe cómo taparlos por dentro, si con los mediocentros, los centrales… cayendo en la trampa y desprotegiendo las bandas por las que el Celta busca finalizar. Y además está, Aspas que partido tras partido es capaz de ganarle la espalda a sus oponentes para finalizar la jugada o para asistir para que un compañero acabe la jugada con un pase a la red. Pero este «nuevo» Celta destaca también por defender más solidario, cerca del rival y sobre todo por la velocidad del repliegue lo que provoca llegar con más efectivos a zonas de potencial peligro.

No fue sencillo

La victoria, como era previsible, no fue sencilla. Los vigueses inicialmente tuvieron sus dificultades en la creación del juego y en la fase de reacción del rival permitieron varios remates llegados de centros laterales. La presión del Alavés cortó la fase de iniciación del juego en el que Denis y Tapia parecieron estar lejos de los interiores. Solo con el robo en campo rival o cuando con desborde los vigueses salían de esa primera línea de presión el Celta era capaz de llegar a zona de tres cuartos y ahí volvió a mostrar efectividad y contundencia para adelantarse en el marcador.

El posicionamiento del equipo volvió a evolucionar con el paso de los minutos como si fuera una rutina más. El Alavés buscó contundencia arriba y el Chacho de nuevo apostó por otro central para salvaguardar la portería manteniéndola otra vez a cero para cerrar así otra victoria que transmite alegría y euforia a una afición con ganas de soñar.

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