A Gwyneth Paltrow se le va la olla

La actriz, la más bella y odiada, vuelve a levantar ampollas por la publicación de un libro de recetas en el que confiesa que no da a sus hijos hidratos de carbono. Los expertos hablan ya de la «gwynorexia»


Redacción / La Voz

Su aspecto de Barbie de los Hamptons ha cautivado a la revista People, que hace exactamente un mes nombró a la actriz Gwyneth Paltrow la más bella del mundo. Ahí es nada. Sin embargo, ese ideal estético camina cojo a juzgar por las pasiones enconadas que levanta la vida in love de la rubia estadounidense. Su extrema perfección, pero sobre todo su obsesión por encarnarla, la aúpa con notoriedad también a la lista de las mujeres más odiadas del planeta (con permiso de Anne Hathaway y su sonrisa desbordada).

Y es que Güini va sobrada cuando se trata de exhibir su lindeza ortorrómbica de cristalinas líneas rectas, pero se queda corta, pero que muy corta, en la madurez expresiva del intento. Cumplidos los 40, casada con Chris Martin, del grupo Coldplay, y madre de dos niños, de 8 y 6 años, Paltrow se ha convertido en una gurú de la vida sana que acaba con uno. Al menos, eso se deduce de la publicación de su segundo libro de cocina, titulado It's All Good (Todo es bueno), que acaba de salir a la venta.

Un sabroso caramelo para los detractores de la actriz que han constatado que la gwyonorexia se propaga por la boca. Y a la velocidad del sinsentido: «Las hamburguesas son mi comida favorita, lo que resulta irónico, ya que no ingiero carne roja». Esas y otras perlas (que no dientes) van cayendo de la boca de la actriz hasta rozar el «ridículo», según califica en una crítica The New York Post, por el empeño de Gwyneth Paltrow en justificar lo que The Atlantic Wire interpreta como «neurosis».

El centro de la polémica son las declaraciones de la actriz en torno a la alimentación familiar, dado que en su casa no se consumen carbohidratos, es decir, arroz, pasta, pan o cereales, porque no son buenos. Una restricción que Paltrow no solo se impone a sí misma (y a su marido), sino a su hijos pequeños, Apple y Moses, basándose en una supuesta intolerancia al gluten. «Cada nutricionista, médico o persona concienciada con la salud a la que he acudido -comenta la actriz en el libro- aseguran que el gluten es demasiado pesado para el organismo [...]. Muchos de nosotros somos un poco intolerantes a él, aunque no se sea alérgico». Una moda peligrosa en Estados Unidos, en que cada vez son más las celebs que abanderan el consumo de alimentos etiquetados como gluten free (sin gluten) cuando en rigor no existe tal intolerancia, pero que les ayuda a perder peso y «sentirse limpios».

Se ha convertido en una gurú de la vida sana que acaba con uno

Paltrow resume su dieta en 185 recetas en las que deja fuera los huevos, los lácteos, el azúcar, el marisco, el trigo, la soja, algunos pescados, el alcohol, la cafeína y por supuesto la comida procesada. «¿Le queda algo para comer?», inquiere irónica Teresa Martínez Ramonde, secretaria de la Sociedad Gallega de Endocrinología, Nutrición y Metabolismo, quien responde con rotundidad: «Los hidratos de carbono son la fuente de energía del organismo. La glucosa que aportan es como la gasolina del coche. El cerebro necesita la glucosa para poder funcionar. Y ya no digamos en el caso de los niños, porque su cerebro madura a lo largo de toda su infancia. Por eso, si a ellos les quitas la fuente de energía más importante, les vas a impedir su crecimiento normal y vas a conseguir algo tan grave como que su cerebro no va a tener su elemento de desarrollo». «Por otro lado -añade Martínez Ramonde-, quienes son realmente intolerantes al gluten deben evitarlo, pero no dejan de comer hidratos de carbono. Simplemente los comen sin gluten».

Admiradora de la dieta mediterránea, Gwyneth Paltrow (que ha sufrido trastornos como migrañas o ataques de pánico debido a su exigencia alimenticia) se negó, sin embargo, a probar el jamón cuando presentó hace unos años la serie Spain... On the Road Again sobre la gastronomía española, pese al vínculo personal que la une con nuestro país donde vivió de adolescente. «El mejor recuerdo que me llevo -dijo entonces- es estar en Galicia con las mariscadoras en el agua». Unas palabras llenas de encanto que, con todo, no han conseguido alimentar a una mujer que se ha postulado como firme defensora de la comida sana hasta consumirse en titulares. Y eso sí que es para muchos un fast food intragable.

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