Marta Ortega y Sergio Álvarez, el lujo de vivir en la normalidad

GENTE

Alejados del ruido mediático, la hija del fundador de Inditex y su marido llevan una vida tranquila en A Coruña, donde ella se ha mantenido fiel al grupo íntimo de amigos, quienes los describen como una pareja muy compenetrada

10 mar 2013 . Actualizado a las 20:17 h.

Decir que Marta Ortega (Vigo, 10 de enero de 1984) es una mujer normal es salpicar de extrañeza la vida del resto de los habitantes del planeta. Porque ser la hija del tercer hombre más rico del mundo convierte en excepcional cualquier pincelada de sencillez. Sin embargo, todos los movimientos y acontecimientos clave en la vida de Marta Ortega han estado alejados del estereotipo de niña rica que se le presuponen a su condición. Lo ha demostrado también durante esta semana en que ella y su marido, el jinete asturiano Sergio Álvarez, han ocupado las primeras páginas a raíz del nacimiento de su primer hijo, Amancio. En esa línea orteguiana de reaccionar, a los ojos de quienes los observan, como no se espera. Es decir, actuando como lo haríamos cualquiera de nosotros. Acudiendo al hospital en los días previos al nacimiento de su hijo, haciendo las compras para el bebé en el centro de la ciudad y siguiendo, en definitiva, la rutina de unos padres primerizos, a los que nadie prestaría atención si no fuese porque los envuelve el lazo del apellido Ortega. Una marca de tenacidad y discreción que la hija pequeña del fundador de Inditex ha ejercitado a lo largo de su vida con la cabezonería de una capricornio: refugiándose en su auténtica pasión, la hípica.

«Tenía la carpeta forrada con fotos de equitación»

No hay dato relevante en su biografía que no tenga relación con ese ambiente. Sus amistades, sus amores, sus apariciones públicas, sus éxitos, incluso sus imágenes más cercanas y cariñosas se han desarrollado en ese entorno. «El recuerdo que yo tengo es el de su carpeta del colegio forrada con fotos de equitación», rememora un compañero del colegio Santa María del Mar, de A Coruña, donde estudió Marta Ortega. Un entorno, el del mundo de los caballos, que no la ha cerrado a un mundo de exclusividad, sino que la ha unido también a sus amistades de siempre. Con ellas ha compartido una infancia de tardes en la Hípica de A Coruña, donde Marta empezó a montar a caballo a los 10 años. Influenciada, según fuentes próximas a la familia, por Brigitte, la au pair británica que por aquel entonces le enseñaba inglés y que era una amante de los equinos.

El círculo de siempre

En ese complejo pasó muchas horas de su niñez y allí forjó su círculo de amigos, que ha conservado hasta hoy. Entre ellos Javier, Alfonso, Ana, Lucía o Marta, que han mantenido ese grado de discreción y lealtad que en su alrededor es una constante. A pesar de esa opacidad, sí se sabe que hasta este año, que su avanzado estado de gestación se lo ha impedido, Marta ha organizado todos los años una fiesta de Nochevieja para sus íntimos. En algunas ocasiones en el pub Rialto, otras en el Expresso... y todos los veranos invita a cuatro o cinco amigos a algún viaje, a veces a bordo del yate familiar. Con ellos ha compartido palco en Riazor, pero sobre todo en Casas Novas. El complejo hípico que su padre construyó hace 13 años en Arteixo para que ella pudiera disfrutar de una afición que finalmente Marta ha convertido en un estilo de vida.