La vieja terminal de Lavacolla no encuentra quien la saque del olvido

La maleza y la herrumbre son los únicos inquilinos de unas instalaciones que llevan nueve años sin uso


santiago / la voz

La historia de la aviación en Galicia celebra 40 años de uno de sus hitos: Iberia inauguraba en 1980 el vuelo con Nueva York. Nunca hasta entonces el aeropuerto de Santiago había recibido vuelos trasatlánticos regulares, y aquel año se estrenaba a lo grande, al incorporar también el enlace directo con Caracas operado por la aerolínea venezolana Viasa, que quebraría en 1998. Esos vuelos, igual que aquella efímera conexión con Varadero con la que Spanair se estrenó en Lavacolla, y otros muchos con grandes plazas europeas, partieron de la vieja terminal, un edificio que canalizó el grueso del tráfico aeroportuario gallego desde 1935 hasta la apertura de las actuales instalaciones en el 2011.

La antigua terminal pasó entonces a un olvido del que nadie parece interesado en rescatarla. Aena realiza periódicamente algunas labores de conservación, tanto fuera como en el interior del complejo, pero la imagen del recinto es desoladora. Las hierbas que crecen en el párking y sobre las aceras delatan el paso del tiempo, como la herrumbre que cubre algunas zonas del exterior de la terminal o las máquinas para pagar el tique de estacionamiento. La barrera de acceso al recinto levantada y el cartel de completo aportan un punto irónico a la fotografía de un entorno abandonado.

Lo que se ve es lo que hay. Porque en estos nueve años los intentos del gestor aeroportuario para rentabilizar esas instalaciones han sido estériles. La vieja terminal genera de vez en cuando rumores sobre el interés de alguna empresa, que se disipan como volutas de humo, probablemente porque nunca llegaron a ser otra cosa. Aena ha confirmado que recibió propuestas de diversos colectivos, pero sin confirmar oficialmente ninguna porque ninguna cuajó. La rumorología ni siquiera lleva la impronta de la originalidad, ya que generalmente se asocia el supuesto interés por la terminal de grandes empresas que tienen actividad en el aeropuerto.

Tampoco han surgido iniciativas por parte de las administraciones. El Concello de Santiago siempre ha esperado que sea el gestor aeroportuario el que mueva ficha, mientras Aena insiste en que sigue abierta a estudiar las propuestas que le trasladen, siempre que sean «serias y viables». Y de esas, aseguran, no han recibido ninguna. Tampoco vale cualquier cosa. Se trata de instalaciones que requieren proyectos de envergadura. Son 18.875 metros cuadrados y un aparcamiento exterior con 2.200 plazas.

Ahora bien, ideas se han lanzado muchas, a cada cual más dispar: desde un gran centro de acogida de peregrinos, un palacio de congresos o un recinto ferial hasta un complejo gastronómico, un hotel o incluso un outlet de moda. También se habló de proyectos ligados al sector de la aviación, como una base para compañías de bajo coste, o una escuela aeronáutica. Esta última propuesta llegó a ser presentada por el Concello a Fomento, en la etapa de Ángel Currás en la alcaldía. Nunca más se supo.

Otra idea que encalló es un aprovechamiento vinculado a una posible conexión con el aeropuerto por ferrocarril de alta velocidad, opción que reaparece periódicamente desde hace años, pero que no llegó a sustanciarse en una apuesta política firme.

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