El cascarón vacío del que voló Galicia

serafín lorenzo SANTIAGO / LA VOZ

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La antigua terminal de Lavacolla lleva siete años cerrada y sin ninguna propuesta viable para darle utilidad

15 jul 2018 . Actualizado a las 18:22 h.

El tiempo se detuvo en el TWA Flight Center de Nueva York en el 2001. La terminal modernista que el arquitecto Eero Saarinen había diseñado medio siglo antes se quedó sin uso cuando la aerolínea norteamericana que lo contrató para ese proyecto desapareció al ser absorbida por American Airlines. El edificio vanguardista, con su característica estructura de líneas curvas y paredes acristaladas, se había convertido en un icono del aeropuerto JFK desde su inauguración, en 1962. Su inclusión en el Registro Nacional de Lugares Históricos culminaría su reconocimiento como espacio de culto, pero no impidió que la terminal cayera en el olvido cuando la TWA pasó a la historia. Hasta ahora.

Su adquisición por parte de una cadena hotelera brindará una nueva vida al complejo. El TWA Flight Center Hotel ofrecerá medio millar de habitaciones, diversos espacios de restauración y ocio, y hasta un museo dedicado al diseño y a la historia de la aerolínea que encargó la obra. Pero, además, la recuperación de un complejo en el que el cliente podrá sentirse como en un episodio de Mad Men permite crear más de 3.000 empleos.

El aeropuerto de Santiago atraviesa un trance similar con su antigua terminal. Desde la apertura de la nueva, hace siete años, Aena sigue esperando por un proyecto que permita rentabilizar una construcción en la que solo habita el polvo y por cuyos muros trepa la maleza y cae a chorros la herrumbre. Por ahora, abundan los rumores y escasean las propuestas. «Seguimos abiertos a cualquiera viable. Hasta la fecha no hemos recibido ninguna», despachan desde el gestor aeroportuario.

Lavacolla nació en un barracón

Sin tanto boato arquitectónico como la de Saarinen, la vieja terminal de Lavacolla también tiene su historia. Desempeñó durante cuatro décadas la función que inicialmente prestó un barracón que se inauguró al mismo tiempo que el campo de aviación, en 1935. Cuenta la crónica de La Voz que el 29 de julio de aquel año la puesta en servicio del aeropuerto fue celebrada con una fiesta por todo lo alto en la que no faltaron las exhibiciones de avionetas y el «bautismo del aire de señoritas de la ciudad y socios de la entusiasta sociedad Aeroclub Compostela». Desde aquellos inicios, Lavacolla experimentó un crecimiento que en el 2011 le permitió ceder el testigo a la nueva terminal con más de 2 millones de pasajeros anuales. Pero la construcción ahora ociosa que pueden contemplar cómodamente instalados los usuarios de la sala VIP recién inaugurada aportó otros hitos al sistema aeroportuario gallego. Por mantener la referencia neoyorquina, los viajeros del primer vuelo directo entre Santiago y la metrópoli, un servicio de periodicidad semanal, embarcaron desde el antiguo edificio en 1980.

Ya sin rutas transoceánicas, los récords que encadena consuelan a la nueva terminal de viajeros de los miles que pierde cada año. Muchos se escapan por el Sá Carneiro de Oporto, para volar a más de 60 destinos internacionales. También a Nueva York.

Los datos

el pasado

Cuatro décadas de historia

La vieja terminal de Lavacolla entró en servicio en 1968, año de modernización de la aviación en Galicia, porque también se habilitó el dispositivo ILS para operar con niebla. Tiene 19.000 metros cuadrados y párking para 1.800 vehículos.

el presente

Siete años en el olvido

Colectivos y Concello plantearon ideas, pero Aena sostiene que ninguna viable. Asegura que está abierta a ofertas para una terminal en la que realiza un «mantenimiento básico».

Centro para acoger peregrinos, escuela aeronáutica y otras apuestas fallidas

El tiempo hace su trabajo en la vieja terminal. Su entorno decrépito brinda imágenes que evocan las de aquel parque de atracciones de Pripyat, abandonado tras la catástrofe de Chernóbil. En la señal de acceso al párking (de 1.800 plazas) luce el cartel de completo. Lleno de hierbas, pero vacío de coches. Y de ideas.

Aena ha recibido varias de distintos colectivos. También del Concello de Santiago. El anterior alcalde, Agustín Hernández, planteó un centro ligado a las peregrinaciones. Su predecesor, Ángel Currás, había propuesto un centro de formación aeronáutico. La idea fue aplaudida por sectores de la ciudad, pero no por Fomento. Y la apertura poco después de una escuela en San Sebastián enterró la opción. Pudo ser una magnífica estación de tren, si se hubiera apostado por un modelo consolidado en el resto de Europa. Y daría un buen hotel y un gran centro logístico.

Aena realiza un «mantenimiento básico» para la conservación interior del edificio. Pero la llamada que espera no llega.