La exmujer del Chicle, en el juicio: «Non o cría capaz. Agora, evidentemente, creo que foi el»

La segunda jornada del juicio de Diana Quer acorrala todavía más al autor confeso de su muerte


Santiago

«En decembro do 2016 dixen [a la Guardia Civil] que saímos a roubar [gasoil]. Todo mentira. Xa antes me pedira que mentira cando falei cuns axentes por teléfono», aseguró Rosario Rodríguez, en referencia a su exmarido, José Enrique Abuín Gey, el Chicle. Dice que dejó de mentir cuando la arrestaron: «En decembro do 2017 si contei a verdade. Eu estaba en Padrón e chamoume miña sogra: “Están saíndo na televisión a túa filla e a casa”. Cabreeime moito, e dixen: “Vou contalo todo”». Sobre la noche en la que murió Diana Quer, recuerda: «El saíu esa noite e eu estaba na cama. Non recordo que roupa levaba, pero sempre era escura. Regresou entre as tres e as catro da madrugada. Durmiu, e non estivo nervioso: nin o día seguinte, que fomos á praia, nin despois». La mujer continúa el relato: «Pregunteille se sabía que lle pasara á rapaza moitas veces, e sempre o negou. Nunca imaxinei que puidera facelo. Non o cría capaz. Agora, evidentemente, creo que foi el».

Abuín, en la misma sala, escuchó el pliego de descargo de su exmujer. Su mirada, este miércoles, ya no se clavaba en el suelo. Sí se escondía tras una pantalla de ordenador, tal vez para no ver de frente al padre y a la hermana de su víctima. Sin esposas en las muñecas, que sí llevaba puestas el martes, asentía o negaba moviendo la cabeza según lo que se hablaba. Incluso tomó notas en un folio mientras su exmujer lo acusaba de dos adulterios reconocidos. «Houbo dous casos de infidelidades, pero notábaselle, el delatábase». El matrimonio tenía los cimientos minados, ella misma lo explicó: «Xa levabamos cinco anos [en agosto del 2016] cunha mala relación e case non había vida sexual: algunhas veces, días alternos». Sobre los posibles anhelos sexuales de él afirmó: «A min nunca me dixo que tivera gustos raros no sexo».

Excuñados

Lo expuesto por la exmujer de Abuín, en la segunda jornada del juicio celebrado en Santiago, se suma a lo aportado por los otros siete testigos que comparecieron por la mañana. Todos eran allegados del Chicle y conocedores de su día a día hasta la detención. Todos minaron aún más su alegato exculpatorio. Especialmente relevantes fueron los aportados por los dos excuñados que, inicialmente, le habían brindado una coartada: una hermana de Rosario y su marido. Incluso ante la Guardia Civil, con el castigo que eso implica. «Dixeron [Abuín y Rosario] que foron declarar os dous e logo chamáronnos a nós». «Non sabiamos onde é o posto da Garda Civil en Boiro e ofreceuse [Abuín] a levarnos. Pediunos por favor que mentiramos, incluso chorou. Eu crin nel, e pediullo ao meu marido, que tamén».

El excuñado, a mayores, explicó en primera persona lo que ya consta en el procedimiento desde enero del 2017: «Tenía miedo a represalias: alguna vez fue violento y me amenazó con romperme las piernas, pero realmente nunca pensé que pudiera hacerlo». Sobre la desaparición de Diana Quer, dijo que «incluso se comentó en casa al salir tanto en la televisión, y él decía tranquilo que se fue con un rico». Otro testigo muy próximo a Abuín, una hermana, también fue citada, pero, ya en la sala, se acogió a su derecho a no declarar. Sí habló un antiguo amigo del Chicle que, para haber sido colega de confianza, lo dejó a los pies de los caballos. «Iamos a discotecas estando casado e cunha nena. Ela non o sabía. Iamos á ameixa e ao gasóleo. Metiamos as garrafas no coche para disimular. Era el o que quería ligar. Gustábanlle todas, pero máis as morenas, delgadas e co pelo longo».

El relato del amigo fue a más, poniendo de manifiesto sus aficiones: «Iamos a casas de alterne en Santiago, Vigo e Pontevedra. Moitas veces os dous contratamos os servizos. Preferíaas de pelo longo, morenas e delgadas. Polo día tamén iamos a institutos. Iamos no seu Alfa Romeo, chamábaas, gritaba dende o coche e falaba con algunhas por Facebook. Ata o tentou con miña irmá, de 26 anos, pero ela non quixo». Nuevas preguntas al testigo cambiaron el escenario de sus respuestas para situarse en la nave de los horrores de Rianxo: «Fomos dúas veces a roubar mobles. Forzou a porta, coñecíaa ben. Era á tardiña, había pouca luz. Aparcou fóra, cerca da casa de seus pais».

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Un amigo del Chicle declara que iban a institutos a ver y piropear a jóvenes Fue uno de los testigos de la segunda jornada del juicio contra José Enrique Abuín Gey

El agua del pozo

Lo que vino después hunde aún más al Chicle, que el martes había declarado que no sabía si había agua en el pozo: «Sabía del pozo, pero no sabía si había agua o escombros. De no haber agua, hubiese dejado el cuerpo allí: tuve la suerte de que había agua». Ayer su otrora colega de farras testificó: «En febreiro ou marzo do mesmo ano [meses antes del crimen] fomos á nave, e preguntoume se quería ver o pozo do soto, e díxenlle que si. Levantamos a tapa para ver a auga. Usamos o desmontable que sempre levaba no maleteiro. Tamén usou un cable para mover a tapa de formigón. Vimos auga: era escuro, profundo». Sobre el comportamiento de su antiguo colega tras la desaparición de Diana, el testigo apostilló: «Dicía que non a encontrarían, que marchara de España. É moi mentireiro». Abuín, presente en la sala, lo negaba todo moviendo la cabeza.

Nueva acusación de otra mujer contra Abuín: «Me dijo: “Ven, que lo vamos a pasar bien”»

«Era poco después de las siete y media de la tarde. Aparqué y salí del coche para esperar al marido. Vi las luces de un coche y pensé que era él. Al no reconocer el coche, me aparté y ese coche se me cruzó delante. Se bajó un hombre y me dijo: “Ven, que lo vamos a pasar bien”. Justo en ese momento llegó mi marido y cruzó su coche también, se bajó y él se subió al coche y se fue. Mi marido fue detrás durante unos dos kilómetros por una pista, pero él se escapó y yo le apagué el coche girando la llave: tenía miedo de que lo matara». Lo relató ayer la última testigo de la mañana, residente en la provincia de Ourense.

La declaración, desconocida hasta la fecha, alimenta aún más el perfil de depredador sexual que le atribuyen a Abuín la Guardia Civil, la Fiscalía, el juez instructor y la acusación particular. Y es que, además de este caso denunciado en la sala, arrastra el de la muerte y presunta violación de Diana Quer, el de su excuñada, a la que supuestamente había agredido sexualmente hace un decenio, y el caso de la chica de Boiro a la que intentó raptar con una motivación sexual, según la sentencia. La testigo, de origen latinoamericano y más de 50 años, añadió que en aquel momento no presentó denuncia tras hablarlo con su esposo.

Dijo que prefirió olvidar lo ocurrido: «Pero al verlo en la televisión, me llené de pánico y fui a la Guardia Civil. Era él. Entonces tenía el pelo muy cortito. Lo vi cuando me habló y se acercó. Me salvó una furgoneta que pasó y lo alejó. Luego llegó mi marido. Pasé terror: desde entonces sigo con secuelas».

La excuñada, sobre su presunta violación: «Es algo que nunca olvidas»

17 años, morena, alta, delgada y melena larga. Esa era la Vanesa Fernández que en el 2007 denunció a su entonces cuñado, José Enrique Abuín Gey, el Chicle. Afirmó ante la Guardia Civil que la había llevado a un descampado en su coche y la había agredido sexualmente. Su familia la creyó; su hermana gemela, Rosario, se fio de su marido. La relación entre ambas se rompió.

Este miércoles volvió a recordar aquel episodio en la sala santiaguesa de la Audiencia Provincial de A Coruña, donde se juzga al Chicle, a su presunto agresor, por el crimen de Diana Quer. «Poco a poco lo vas sobrellevando, sigues adelante. Es algo que nunca vas a olvidar. Llega la fecha y siempre te viene a la cabeza», afirma mientras confiesa que las secuelas, que todavía hoy salen a la luz, le afectaron en relaciones sentimentales posteriores.

Aquella cicatriz entre hermanas tardó en cerrarse. Vanesa asegura que el Chicle llegó a amenazarla. Tenía «miedo». Pero con el paso de los años volvió a verse con su hermana: «Aunque nunca estaba sola, siempre había más gente».

Defendió que aquel día vio a Abuín con un preservativo, de ahí que los forenses no encontraran restos de él. El caso, que terminó archivado, se ha vuelto a abrir. Ahora, afirma, colabora con la Guardia Civil para poner luz en un episodio que no logra extirpar de su memoria.

Hermanas de Boiro

Igual de relevante fue el encuentro que dos jóvenes de Boiro aseguran que tuvieron con el Chicle en la madrugada del 23 de diciembre del 2017. Dos días después, en la misma localidad, Abuín Gey quiso introducir a otra chica en el maletero para violarla, como consta en sentencia judicial.

Dichas testigos, hermanas, aseguraron que aquella madrugada las invitó insistentemente a su subir a su coche para llevarlas a casa. A una de ellas le repitió varias veces: «Rubia, ven aquí». «Penso que se non estivera acompañada non estaría aquí sentada», afirmó a las preguntas de los letrados. Ya en un bar con su padre y el novio de una de ellas, afirman que vieron como el Chicle pasaba hasta cuatro veces en el coche para comprobar si estaban allí.

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Valeria Quer se rompe en el juicio por el crimen de su hermana La joven tuvo que abandonar la sala y se la vio en los exteriores del juzgado con los ojos arrasados de lágrimas

Dolor en la familia de diana: «Todos hemos muerto un poco con ella»

Fue incapaz de acudir a la primera sesión del juicio, pero Valeria Quer sí logró estar en la segunda. Antes de su entrada en los juzgados, aseguró ante los medios que afrontaba este reto «con la cabeza alta» y con la fuerza que le había proporcionado su «hermana».

«Se le fue su compañera de vida, su mayor punto de apoyo. Pero quiero que quede constancia de que no solo Diana se fue: todos hemos muerto un poco con ella», afirmó su padre, Juan Carlos Quer, quien estuvo acompañado por la presidenta de la Asociación Clara Campoamor, Blanca Estrella. Quer no dudó en volver a incidir en la importancia de mantener la prisión permanente revisable: «No es una pena ni de izquierdas ni de derechas, es una pena de sentido común».

Coger fuerza

Después de los primeros testimonios, visiblemente afectada, Valeria Quer abandonó la sala, incapaz de contener las lágrimas. Regresó cuando logró contenerse y consiguió terminar esta segunda sesión del juicio. Incluso llegó a hacer buenas migas con las dos chicas de Boiro que testificaron sobre los supuestos hechos del 23 de diciembre del 2017, con las que estuvo hablando al cierre de la sesión.

En la sala también estuvo presente la madre de la joven a la que el Chicle intentó meter en el maletero de su coche aquella misma Navidad. Lo hizo a título personal, ya que no se encontraba entre los testigos. La madre de Diana Quer, Diana López-Pinel, que no estuvo presente, aprovechó las redes sociales para enviarle un mensaje al Chicle: «Por fin me miró y sentí pena por él, pero yo no seré quien le juzgue. Aquí lo harán nueve personas. Dios ya sabrá qué hacer».

El magistrado

Capítulo aparte merece el control de las partes, acusado, testigos y público presente en la sala de la Sección Sexta de la Audiencia de A Coruña, con sede en Santiago. Lo administra con mando en plaza el magistrado presidente, Ángel Pantín. Ya lo demostró el martes y lo repitió el miércoles, con estilo directo y correcto, razonado, pero taxativo. Lo aplicó en los trámites previos al juicio y prosiguió en la primera vista al, por ejemplo, ceñir las respuestas de la madre de la víctima, Diana López-Pinel, a las preguntas planteadas. Sin más. Este jueves será el turno de otros 15 testigos. Algunos son amistades de Diana Quer en A Pobra. Una es la amiga que la vio por última vez, la otra es la persona que la vio regresando a casa.

También vendrán, desde Portugal, feriantes que trabajaban en A Pobra aquellos días. Ellos estuvieron en el punto de mira porque a la joven madrileña se la perdió de vista a la altura de su asentamiento en la villa.

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La exmujer del Chicle, en el juicio: «Non o cría capaz. Agora, evidentemente, creo que foi el»