Diana López-Pinel al Chicle: «Mírame a los ojos, mírame a los ojos»

La madre de Diana Quer interpeló en varias ocasiones al presunto asesino de su hija

Momento de la declaración de la madre de la joven
Momento de la declaración de la madre de la joven
J. R.
Santiago / La Voz

Ni en la primera sesión del juicio por el crimen de Diana Quer quedó olvidada la batalla entre Diana López-Pinel y su exmarido, Juan Carlos Quer. La madre de la joven fallecida, que llegó a encararse en dos ocasiones con el autor confeso de la muerte de su hija, protagonizó también la polémica de la mañana a su llegada a la sede santiaguesa de la Audiencia Provincial de A Coruña.

Minutos antes de que comenzara la sesión, López-Pinel, que acudía como testigo, abandonó el edificio afirmando que se negaba a estar dos horas sentada al lado de Juan Carlos Quer. La batalla entre ambos se recrudeció de nuevo a principios de octubre, cuando la mujer denunció a su exmarido por una supuesta agresión en un garaje de Madrid. El padre de Diana replicó con una querella por injurias y calumnias, que su exmujer respondió en los juzgados de Padrón a principios de este mes con otra denuncia por violencia contra la mujer.

Tampoco evitó López-Pinel la polémica al comenzar con su testimonio, al asegurar al magistrado que no había tenido acceso al sumario. A partir de ahí, la madre de Diana Quer se centró en las preguntas de Fiscalía y de la acusación particular. Sobre lo ocurrido aquel fatídico 22 de agosto, afirmó que «sabía que algo malo había pasado». Al no encontrar a su hija en casa «perdí el norte, no era normal».

 «No me morí de pena de milagro»

Momento emotivo

López-Pinel no pudo evitar el llanto cuando comenzó a describir a su hija. «Diana era bondadosa, buena, miedosa, precavida. Era un ángel», afirmó antes de romper a llorar. Fue a la pregunta de si era una mujer frágil cuando se dirigió por primera vez a Abuín Gey: «Lo sabrá su asesino, digo yo ¿verdad, Chiquilín?».

Tras recuperar la calma, reconoció que, al igual que su hija Valeria, ella también había sufrido depresión: «Todo el mundo que tiene hijos debería entender que es la peor situación que se le puede presentar a una madre. No me morí de pena de milagro».

«(Si era frágil) lo sabrá su asesino, digo yo ¿verdad, Chiquilín? »

Con una última explicación del trayecto que recorrían para llegar a casa cerró Diana López-Pinel su testimonio. Antes de que el Chicle abandonara la sala se dirigió a él con una última frase: «Mírame a los ojos, mírame a los ojos».

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La Voz

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