Universitarios gallegos con discapacidad: «No he encontrado dónde poder hacer las prácticas»

Tamara Montero
tamara montero SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

Durante más de una semana, Daniel no pudo ir en bus porque las rampas no funcionaban.
Durante más de una semana, Daniel no pudo ir en bus porque las rampas no funcionaban. SANDRA ALONSO

El transporte es el mayor obstáculo de Daniel Fiaño, que hace un máster en Santiago

18 mar 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Es viernes y la estación de tren de Santiago empieza a estar muy concurrida. La mayoría se van. Son universitarios. Algunos, vienen. Como Daniel Fiaño, que se baja del tren a las 15.30 horas para, como cada día, ir a las clases del máster de Periodismo que cursa en la facultad, al otro lado de la ciudad. Con él se baja Sara. Es su asistente personal. Daniel la necesita porque tiene una discapacidad física del 94 %. Hoy, la rampa del tren ha funcionado. Pero es el tren su principal quebradero de cabeza. Como necesita asistencia, no puede sacar sus billetes como el resto de pasajeros. Renfe le obliga a adquirirlos con al menos 24 horas de antelación, y en las taquillas de venta anticipada. Ni siquiera puede sacarlos en la máquina.

Al final, Daniel ha reclamado. «Y a ver si me hacen caso», dice. Porque en cada viaje solo hay dos plazas adaptadas. Así que si hay más viajeros que necesitan asistencia, no pueden subir al tren. Daniel lo cuenta mientras se dirige a la parada del autobús. Dos compañeras de clase saludan al llegar a la misma parada.

-¿El 5 sirve?

-Sí, pero no nos deja tan cerca, hay que bajar una calle. Es mejor el 15, que nos deja en la puerta de la facultad.

Algunos conductores de la línea de bus urbano que une los dos campus de la USC en Compostela ya les conocen. Han pasado momentos realmente complicados. Durante las dos primeras semanas de clase, Sara y él tuvieron que hacer caminando un trayecto que supone, prácticamente, cruzar la ciudad. No podía subirse al autobús porque las rampas raramente funcionaban. Hasta ha tenido que bajar del autobús en volandas. Se quejaron en el Ayuntamiento. «Dicen que hacen mantenimiento todas las mañanas», explica Sara.

Por las aulas

Hoy funcionan. Así que hacen rápidamente el trayecto entre la estación y la facultad. El edificio, obra de Álvaro Siza, no supone demasiados problemas. Las aulas se distribuyen en una rampa. «El aula de informática está bien. Y la biblioteca la planta de abajo también. La de arriba... No sé si se puede subir. En A Coruña no se podía. Pero el resto bien», confiesa. Quizá una incomodidad: las mesas adaptadas están al final del aula, con lo que Sara y él se quedan un poco apartados de los compañeros.

El único problema que ha tenido realmente -aparte de las barreras arquitectónicas y en el transporte que se ha encontrado por la ciudad- es que al final hizo un cambio en el plan de estudios. «No encontré dónde poder hacer prácticas a distancia», explica. Así que esos créditos los intercambió por otros de carácter teórico. Prácticas por la asignatura de métodos de investigación. «Hay más gente que no hace prácticas porque hay varias salidas, la de investigación y la laboral», explica durante el descanso a media tarde.

¿Y en el día a día? Si lo necesita, se hacen adaptaciones curriculares. «Por ejemplo, cambiar un examen de desarrollar a otro tipo test o directamente yo le dicto al asistente lo que hay que escribir y ya está». Sara está con él durante toda la tarde. Su labor es acompañarlo. «Al principio preguntaba a los profesores si había que tomar apuntes, pero como se lo dan todo digitalmente, no hace falta», afirma. «En prácticas, generalmente, sí lo ayudo, cuando tienen que hacer presentaciones, por ejemplo... Soy una mandada», dice con una sonrisa.

Desde la UDC explican que la Unidade de Atención á Diversidade se encarga de hacer adaptaciones. No sobre el contenido, sino sobre la forma en la que el alumnado accede a las materias. «Póñoche un exemplo: se temos un vídeo como material didáctico e unha persoa xorda cursa a materia, asegurámonos de que teña subtitulado», explica Sonia Seijas, responsable de la unidad, que además cuenta con un programa que se ha convertido «nun fito na integración de estudantes con discapacidade intelectual nas universidades»: el programa Espazo Compartido, en el que personas con discapacidad intelectual se forman en habilidades sociolaborales para el empleo.

La Universidade de Vigo, por su parte, cree que se podría dar una mejor respuesta a este colectivo si hubiese más personal técnico y un presupuesto para transporte adaptado o asistentes personales, entre otras necesidades. Vigo, este curso ha concedido ocho becas de integración por un importe de 11.120 euros. Son ayudas para la colaboración del alumnado en la integración de estudiantes con necesidades educativas especiales.

Casi 600 universitarios en esa situación

Un total de 600 estudiantes matriculados en las universidades gallegas tienen algún tipo de diversidad funcional. La mayoría, 246, estudian en Santiago. Cinco alumnos tienen asistentes personales -uno de ellos es Daniel Fiaño- lo que supone un coste de casi 55.000 euros, a los que hay que sumar 3.600 más para otros materiales de apoyo. Además, 42 de los estudiantes han tenido una atención personal, como intermediación para adaptaciones curriculares, habilitación de espacios de aparcamiento, apoyo en las aulas...

En la Universidade da Coruña son 137 las personas matriculadas que tiene un certificado de discapacidad del 33 % o superior. Este curso, el servicio de atención a la diversidad trabaja directamente con 40 alumnos que han solicitado algún tipo de adaptación curricular para cursas sus estudios.

Mientras, en la de Vigo, este curso hay 216 personas con exención de matrícula por motivo de discapacidad. Casi 70 están dentro del programa de integración de universitarios con necesidades especiales. El 60 % tienen una discapacidad psicopedagógica.