«Para qué denuncié... ¡para qué denuncié!»

Protegida como víctima de maltrato, la Audiencia retira ahora el alejamiento de su expareja y le niega el juicio

Esmeralda cuenta que ya no le quedan lágrimas, pero mientras lo dice llora.
Esmeralda cuenta que ya no le quedan lágrimas, pero mientras lo dice llora.

A Coruña / La Voz

Se acaba de cumplir una semana desde que las mujeres salieron a las calles para gritar contra el machismo. Ese día una mujer de 43 años vecina de A Coruña se quedó en casa en compañía de sus padres. Tiene nombre de piedra preciosa pero se siente como un perro apaleado. Este 8M se le hizo especialmente doloroso, porque seguía rumiando la reciente llamada recibida desde la Audiencia Provincial de A Coruña. «Queda anulada la orden de alejamiento a su pareja», le espetaron.

Pero lo más grave para esta mujer, a la que vamos a llamar Esmeralda, no es que no haya tenido un juicio justo. Simplemente la Audiencia ha considerado que todo su sufrimiento de los últimos años no merece ser debatido en un juicio que sí ha pedido un juez de primera instancia de Betanzos especializado, precisamente, en violencia machista.

No resulta fácil hablar con ella. Se derrite a cada palabra. Se levanta, se sienta, y en cada gesto pide perdón. Es una persona sin voluntad, sin autoestima. Dice que también sin lágrimas, pero mientras lo dice se empapa las manos en las mejillas.

El juez que decretó la orden de alejamiento destaca las evidencias de «maltrato psicológico». Habla de «estado de ansiedad y de miedo atroz hacia su agresor». Y vuelve el mismo cliché: «La ha maltratado psicológicamente de forma reiterada».

Al contar su historia al periódico, sus padres se han quedado fuera de la entrevista. De sobra conocen lo que Esmeralda va a contar, pero les duele oírlo de nuevo. «Él me obligaba a mantener sexo con otros hombres para conseguir cocaína gratis», dice.

Él me obligaba a mantener sexo con otros hombres para conseguir cocaína gratis

Y luego amenazaba con contárselo a sus padres si no cumplía su voluntad. «También me dejaba encerrada en casa», dice sin pausa en las lágrimas. Y cierra los ojos cuando repite las palabras que le brindaba ese hombre que apareció en su vida cuando ella sufría una depresión tras un doloroso divorcio. «No eres nada», «ahora llamo a tu mamaíta y le digo que te metes coca», «venga, llora un poco más», «te reviento» (cogiéndola por el cuello)... Asegura que su expareja era adicto al sexo telefónico, «y yo estaba tan anulada que lo hacía estando yo a su lado». «Llegué a decirle que él tenía razón, que yo no servía para nada».

Y el nerviosismo y la ansiedad la consumen. «Peso 48 kilos». Ante la mirada de incredulidad del periodista, se levanta. Es el único momento en que parece tranquila, como si hubiera repetido decenas de veces el gesto. Levanta su jersey, luego una camiseta, luego otra, y otra... cinco camisetas bajo un jersey de lana. «Y bajo los vaqueros, unos leggings». Es un esqueleto que llora.

Esta semana se cumplieron dos años de la denuncia ante la Guardia Civil, si bien la causa inicial que la llevó al cuartel de Betanzos fue otra. Así lo recoge el atestado: «Ella no quería denunciar, pero en el día de ayer (13 de marzo del 2017) fue agredida por la madre de su pareja, hechos que ya denunció, y al comenzar a contar a su familia todo lo que había vivido en los últimos años se sintió con fuerza para denunciar». Y entonces, en el cuartel, un agente escribió dos páginas de terror.

Toma la palabra Ana Saavedra, quien lleva dos años atendiendo a Esmeralda en la asociación Mirabal. «He visto juicios con la mitad de pruebas que tiene esta chica, tiene kilos de informes», espeta Saavedra. «Ella fue atendida por el CRI (Centro de Recuperación Integral de víctimas) en Santiago, y allí solo van los casos más graves», dice Ana mientras muestra más y más papeles.

«La psicóloga del Centro de Información a la Mujer de A Coruña certifica todo lo que escribe el juez de instrucción, también en el centro de especialidades de O Ventorrillo, incluso tuvo que estar un tiempo ingresada en el hospital de Oza...». La abogada de la víctima recurrirá al Tribunal Supremo para que se abra juicio. «Para qué denuncié -se desespera Esmeralda-; ¡para qué denuncié!».

016: Teléfono de ayuda. Las llamadas a este número son gratuitas y no quedan registradas en la factura

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