¿Es la Universidad endogámica?

Aunque el adjetivo más utilizado por los profesores para definir el sistema de acceso y promoción es meritocrático, un 45 % habla de endogamia y otro 30 % de clientelismo


Santiago / La Voz

¿Cómo definiría el sistema de acceso y promoción de los profesores funcionarios en la universidad española? El Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC puso sobre la mesa nueve adjetivos para que lo propios académicos respondiesen a una pregunta que pocas veces está presente en el debate sobre la enseñanza superior española. ¿Conclusión? No hay consenso. Más bien al contrario. «La propia comunidad académica está completamente dividida en aspectos centrales de cómo debe gobernarse la universidad». Lo explica Luis Sanz-Menéndez, investigador del CSIC y uno de los responsables del estudio en el que los docentes definen ese sistema.

Es cierto que el adjetivo más utilizado por los docentes universitarios para describir el actual sistema es meritocrático, palabra que usan el 46 % de los encuestados. Pero es que hay un 45 % que escoge el término endogámico, otro 41 % que opta por localista, un 30 % que lo define como clientelar y otro 14 % que lo califica de nepotista. Casi el 55 % de las respuestas son adjetivos negativos. Entre los que usan definiciones positivas, predomina competitivo, escogida en el mismo porcentaje que localista, un 41 %. Es excelente para apenas un 3,2 %, una cifra similar a la de académicos que opinan que está internacionalizado (3,4 %) y otro 15 % cree que el sistema es abierto.

«El porcentaje bruto ya es revelador», afirma Sanz-Menéndez. Cada persona encuestada podía poner tres adjetivos, y prácticamente el 90 % ponía sistemáticamente adjetivos positivos o negativos. Era muy marginal el porcentaje de respuestas que usaba calificativos de las dos caracterizaciones, como por ejemplo definir el sistema como endogámico, clientelar y a la vez abierto. «El 97 % de los que están en el encuadre positivo dicen que no es endogámica», explica el investigador del CSIC, mientras que los que tienen el encuadramiento muy negativo creen que no es competitiva (81,4 %) ni meritocrática (70,8 %). En total, el 59 % de los académicos se encuadraban en la visión negativa del sistema de acceso y promoción, mientras que poco más del 40 % creían en que la fórmula es buena.

¿Quiénes son los que están mas descontentos? «Generalmente son los hombres, los de mayor edad y los catedráticos» los que tienen la visión más negativa, aunque también destacan los que tienen un contrato temporal y los investigadores de ciencias naturales. El estudio también diferencia entre aquellos participantes con un perfil endogámico ?es decir, que se han graduado y doctorado en la misma universidad en la que ahora están empleados? y los que no lo son, que son más críticos con el sistema. El 56 % de los considerados docentes endogámicos tienen una visión netamente positiva del sistema de acceso, mientras que entre los que la tienen muy negativa predominan los no endogámicos.

La polarización sobre quién tiene que entrar y ascender en la universidad no es nueva. A principios de los años 90 el debate sobre la endogamia universitaria era feroz. «El problema es que han pasado 25 años y la siguiente generación está haciendo no diría lo mismo, pero casi lo mismo», lamenta el experto en política universitaria, que afirma que «la función de la universidad no es agradecer los servicios prestados. La política de personal de la universidad es premiar y reclutar a los mejores, que son los que tienen que formar».

Mirar hacia el futuro

Sanz-Menéndez alerta de que cada vez las cohortes de estudiantes son menores y que «contratar para los próximos 30 años profesores sin perfil investigador es un error estratégico». El debate que hay que abrir ahora «es un debate en el que los méritos docentes no sean los únicos que hacen falta para hacer carrera. Lo que está ocurriendo es que se está penalizando a los que tienen méritos investigadores» y tener una acreditación de la Aneca ?que certifica méritos para optar a una categoría? «ahora es algo de mínimos».

Ahí está el problema con los Ramón y Cajal. Al final, el Gobierno aprobó una reserva de plazas para estos científicos de alto nivel que tienen un certificado I3: un 15 % del total. «La norma dice como mínimo. En la Universidad Pompeu Fabra no están dando el 15 %. Están dando el 80 %».

Casi uno de cada cinco catedráticos y titulares no tiene ningún sexenio de investigación

«Los datos de los sexenios son demoledores», dice Luis Sanz-Menéndez. En términos nacionales, el 20 % de los profesores titulares y catedráticos tiene cero sexenios, que es lo que acredita sus méritos investigadores. La cifra es muy semejante en el conjunto de Galicia. Según la estadística del Ministerio de Educación correspondiente al curso 2017-2018, el 78,3 % del cuerpo docente universitario de carrera ?es decir, titulares, catedráticos y catedráticos de escuela universitaria? de Galicia tenía al menos un sexenio de investigación. Eso significa que otro 20 % no tenía ninguno. Y además, solo el 41 % había obtenido los sexenios óptimos, es decir, tiene todos los que podía obtener desde la lectura de la tesis.

Las universidades gallegas ponen en perspectiva los datos fríos. El vicerrector de Profesorado de la Universidade de Santiago Ernesto G. Seoane, afirma que hay problema de desigualdad entre áreas. «Os criterios para a concesión dos sexenios son máis facilmente obxectivables nuns determinados ámbitos que noutros». Hay áreas en las que las publicaciones están claramente clasificadas y «é moi doado saber que tes que facer para obter o sexenio. Non hai incerteza». En otros ámbitos, no es tan sencillo.

Además, en algunas áreas «a actividade investigadora ten unha competencia máis forte» y se generan desigualdades. Por eso, el vicerrector cree que el sexenio de transferencia convocado por el Gobierno puede contribuir a paliar los desequilibrios que se han venido dando.

Menos de la mitad de los académicos universitarios apoyan el modelo de acreditaciones

T.M.

Quienes están a punto de jubilarse han vivido tres sistemas de selección distintos

Los docentes que ahora están a punto de jubilarse han visto tres sistemas de selección diferentes. El primero fue el que implantó la LRU de 1983 y que en su día recibió críticas por favorecer la endogamia y bloquear la movilidad. La contestada LOU del 2001 implantó un sistema de habilitación nacional que centralizó los procesos de acceso a las plazas de catedrático y titular. Las protestas se desataron por entender que amenazaba la autonomía universitaria y disparaba los costes. En el 2007, la reforma de la LOU puso en marcha el actual sistema, de acreditación de méritos por medio de agencias de calidad. Hoy, menos de la mitad de los académicos apoyan el modelo. Casi uno de cada cuatro prefiere regresar a las habilitaciones nacionales y otros 30 % que cada universidad fuese responsable de reclutar a su personal. Es decir, volver al modelo LRU.

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