Menos de la mitad de los académicos universitarios apoyan el modelo de acreditaciones

Quienes están a punto de jubilarse han vivido tres sistemas de selección distintos


Los docentes que ahora están a punto de jubilarse han visto tres sistemas de selección diferentes. El primero fue el que implantó la LRU de 1983 y que en su día recibió críticas por favorecer la endogamia y bloquear la movilidad. La contestada LOU del 2001 implantó un sistema de habilitación nacional que centralizó los procesos de acceso a las plazas de catedrático y titular. Las protestas se desataron por entender que amenazaba la autonomía universitaria y disparaba los costes. En el 2007, la reforma de la LOU puso en marcha el actual sistema, de acreditación de méritos por medio de agencias de calidad. Hoy, menos de la mitad de los académicos apoyan el modelo. Casi uno de cada cuatro prefiere regresar a las habilitaciones nacionales y otros 30 % que cada universidad fuese responsable de reclutar a su personal. Es decir, volver al modelo LRU.

¿Quién está a favor del sistema actual? Los más jóvenes, con puestos temporales, aquellos que, aun siendo fijos no son catedráticos y sobre todo los que están acreditados para promocionar a una categoría superior. Seis de cada diez docentes que han superado una evaluación de la Aneca -la agencia de calidad que se encarga de analizar los méritos del profesorado universitario- creen que ese es el modelo óptimo. Solo el 15 % estaría a favor de regresar al modelo de habilitación nacional que implantó la LOU, a escala nacional y que ha copiado Italia, que lo utiliza desde el año 2011. «Durante esos ocho años, hubo universidades que no pudieron promocionar a nadie», ante la exigencia, explica Sanz-Menéndez, investigador del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC que ha consultado a los académicos su opinión sobre el sistema de promoción en las universidades.

¿Criterios exigentes?

La encuesta a los académicos también preguntaba por su opinión sobre los criterios que maneja la Aneca para acreditar a los docentes. Hay un porcentaje significativo, que supera el 20 %, que los caracteriza como muy poco exigentes. La mitad de los que opinan que el sistema actual es laxo son más favorables a regresar a la habilitación nacional, mientras que, lógicamente, los que creen que los criterios de la acreditación son adecuados o bastante exigentes prefieren el modelo actual sobre los dos anteriores. Se da aquí un dato curioso: aquellos que opinan que los criterios son muy exigentes son proclives a que cada universidad sea la responsable de la selección de personal.

El grupo de Luis Sanz-Menéndez también puso en relación esa lista de adjetivos con las preferencias por uno u otro modelo. Los que usaban adjetivos positivos eran más favorables a mantener el funcionamiento actual, mientras que los que se encuadraban en la visión negativa prefieren sistemas centralizados.

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