Anna Almécija: «No vivimos en un mundo perfecto. Nos tenemos que autoproteger»

La abogada, criminóloga y directora de seguridad privada asegura que iluminar «tiene que venir acompañado de otras medidas. Las ciudades donde hay más delitos son las más sobreiluminadas»


a coruña / la voz

La contratan para la prevención de agresiones sexuales en eventos y también para charlas en institutos. Anna Almécija, abogada y directora de seguridad privada, participó en la Casa das Ciencias de A Coruña en la conferencia O exceso de luz na planificación da seguridade, invitada por la Agrupación Astronómica Ío. En su comunidad, una de las iniciativas propuestas en un campus catalán para prevenir los abusos tras una agresión fue aumentar la iluminación. Lo paradójico es que los abusos se produjeron a plena luz del día.

-¿Estamos obsesionados con la luz?

-Sí, pensamos que por poner diez farolas donde hay cinco se eliminan los peligros. Podemos sentirnos más seguros, pero es solo un placebo, e incluso puede ser contraproducente. Un parque aislado, por muy iluminado que esté, no es seguro a ciertas horas. No digo con esto que no se ilumine, sino que se ilumine bien. No apuntado hacia arriba y respetando el medioambiente. 

-Hace unos días el BNG también pidió en Santiago aumentar la iluminación para frenar los abusos en el campus. ¿Es lo más efectivo?

-No hay ningún estudio concluyente que lo demuestre. Iluminar tiene que venir acompañado de otras medidas: más vigilancia o un transporte nocturno regular. Las ciudades donde hay más delitos son las más sobreiluminadas.

Así enseña la Policía de Vigo a defenderse a las mujeres Los agentes dan cursos de autodefensa a mujeres maltratadas para aprender a defenderse ante situaciones de riesgo. Cuando llegan tienen la autoestima muy baja pero después del curso se sienten más fuertes. Las clases son una inyección de autoestima.

-¿Hay más riesgo de sufrir agresiones durante la noche?

-Las mujeres somos las que sufrimos más delitos, especialmente de noche. Agresiones sexuales, pero también hurtos y robos. Sin embargo, no hay una relación directa. Algunos de los crímenes que más nos sobrecogieron, como los de Laura Luelmo, Mari Luz Cortés o Anabel Segura, se produjeron de día. En el caso de la Manada fue en un rellano. Es más probable que nos ataque un amigo de toda la vida que que nos sorprenda un desconocido en un lugar aislado.

-¿Es correcto establecer protocolos de actuación?

-El acento hay que ponerlo en el agresor. Pero no vivimos en un mundo perfecto. También nos tenemos que autoproteger. Escoger un camino donde sabemos que va a haber algún local abierto y con gente y no ir despistadas con el móvil o los cascos. Aconsejo saber algo de defensa personal. No te exime de ser víctima, pero la actitud de ir segura puede disuadir al agresor. Hay hombres que se pueden sentir como atacados, parece que todos son unos depredadores y no es así. Pero, si coincides de noche en una calle con una chica, procura que no se asuste. No lo pensamos, pero todos podemos dar miedo.

-¿Hay sensación de impunidad en los casos de agresiones?

-Sí. En Sanxenxo el presunto agresor creo que dijo que «a los de la Manada no les pasó nada». No es cierto. Les han caído años de cárcel, puede que no tantos como los deseados; y, si todo va bien, ingresarán pronto en prisión.

-¿Cómo se pueden combatir estas creencias?

-Con pedagogía. Como en los casos de violencia machista, no hay que hablar solo del delito, sino también del castigo penal o administrativo. Que no dé la sensación de que no pasa nada, sino que hay consecuencias. El exhibicionismo se castiga. Reenviar una foto comprometedora con el móvil es un delito penado con hasta cuatro años de cárcel si eres mayor de edad. Ser pesado y acorralar a una persona, en una fiesta por ejemplo, se puede denunciar como una coacción.

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