De la moqueta a la pancarta

El conflicto de Alcoa agita la capacidad de acción y consenso de la política gallega ante un problema de impacto ciudadano


santiago / la voz

Después de 25 años se puede contar el final de Vidas cruzadas, la película de Robert Altman que narra los dramas y las miserias vitales de un variado elenco de californianos que acaban sintiendo un terremoto que sacude por unos segundos su ya agitada existencia. La moraleja es que, pasado el susto colectivo, todo sigue igual. Algo parecido ha ocurrido con el anuncio unilateral de cierre de las factorías de Alcoa de A Coruña y Avilés, que ha obligado a poner el pie en la tierra movediza y polvorienta a la clase política gallega, que una semana antes pisaba candorosa las moquetas del Parlamento discutiendo sobre asuntos a los que solo atendía en la tribuna de invitados Antonio, de Ribadeo, el último gallego que se interesó por un debate anestesiado.

El seísmo económico que supone la espantada de la empresa americana logró en pocas horas que todos los grupos alteraran sus acomodadas vidas para reunirse con los trabajadores oliendo a polvillo de neumático quemado, y hasta la convulsa corporación de A Coruña alcanzó el lógico consenso para defender el mantenimiento de la actividad industrial y el pan de muchas familias. Todos sin excepción se esforzaron por difundir imágenes de sus reuniones con los currantes, y hasta el PP se sumará excepcionalmente a la manifestación convocada para hoy. Beatriz Mato, candidata coruñesa, cambiará en poco más de tres semanas el confort del coche oficial de conselleira por las pancartas y el sonido de los megáfonos, en una perfecta metáfora de lo necesario que es vivir la política a pie de obra y trabajar mirando de frente a los ojos de los ciudadanos, para que estos dejen de ser estadísticas maleables.

El reto en Galicia es conseguir que una declaración unánime de todo el arco parlamentario no signifique que el problema se borre de las agendas políticas. Si en eso consisten los acuerdos, mejor será que siga el ruido y que la Xunta zarandee al Gobierno central por no verlas venir, o que el BNG siga reclamando la tarifa eléctrica gallega, como si la corriente tuviese patria.

¿Cuánto va a durar el consenso institucional? El tiempo que tarden los trabajadores en comprobar que las palabras de aliento y las buenas intenciones que les han transmitido en los últimos días no se traducen en certezas. De momento, el enemigo común está en Pittsburgh, Estados Unidos, pero la distancia es excesiva: nada menos que 5.742 kilómetros, demasiados para que se vean las columnas de humo.

Los que más saben

La perspectiva política del conflicto industrial, económico y energético revela una paradoja, y es que los activos que más conocimiento han atesorado sobre las maniobras orquestales de Alcoa tienen algunas taras, todas ellas salvables si es que todavía queda inteligencia colectiva: los ministros de Rajoy que lidiaron con las primeras tentativas de la empresa están fuera de juego; el presidente de Asturias, Javier Fernández, malvive marginado en el PSOE de Pedro Sánchez; y Feijoo, que lleva diez años tratando periódicamente con los directivos norteamericanos, es del PP. Entre todos podrían aportar valiosa información para la estrategia del Ejecutivo, que es el que de verdad tiene las competencias, y así cambiar el final de la película. Si acaba bien, sería un giro sorprendente.

El coche de Feijoo, al límite ecológico

El presidente Feijoo ha dejado atrás la polémica de los coches oficiales que le acompañó al acceder a la Xunta y no ha cambiado en sus diez años en el poder su Citroën C6. La berlina francesa es del 2007 y se salva por los pelos de la depuración que pretenden hacer ayuntamientos como el de Madrid, que en los próximos meses cortará el paso por el centro de la ciudad a los vehículos diésel anteriores al 2006.

Caballero gana músculo... y peso

Gonzalo Caballero se puso al frente del PSdeG hace un año con el reto de «muscular» un partido debilitado por los discretos resultados y la división interna. Con cien mil kilómetros recorridos y muchas reuniones y comidas a la espalda, cree que ha conseguido su objetivo orgánico, aunque reconoce que la actividad le ha pasado factura física con un par de kilos de más. Le vendrán bien para el cuerpo a cuerpo.

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