De capos, lugartenientes y testaferros

Así era la organización que supuestamente lideraba Sito Miñanco


Pontevedra / La voz

Los datos que han trascendido de la operación Mito permiten aventurar que la organización que supuestamente lideraba José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñanco, era una pirámide en cuya cúspide se situaba el cambadés. Él es presuntamente la persona que mantenía los contactos con los proveedores colombianos de la cocaína, el que supervisaba el transporte y el que, a la postre, tomaba todas las decisiones.

En el escalón inmediatamente inferior, la Policía Nacional sitúa a dos de sus considerados como lugartenientes. Uno es el colombiano Enrique García Arango, quien, al igual que Sito Miñanco, mantenía fuertes lazos con los carteles de su país de origen, circunstancia que contribuía a perpetuar las relaciones a ambos lados del Atlántico. Y al igual que al cambadés, ni siquiera su paso por la cárcel le había impedido que estos contactos se vieran afectados.

Las investigaciones policiales, en todo caso, sí que ponen de manifiesto que la amistad con los colombianos se agrietó a raíz de la aprehensión de un alijo de algo más de 600 kilos de cocaína que fueron localizados por la policía holandesa a finales del pasado año en una nave industrial. Se cree que habían sido introducidos en este país ocultos en un contenedor utilizando el método del gancho ciego. Esto es, camuflando la droga entre mercancía legal sin que los responsables de transportar el contenedor tuvieran conocimiento alguno de la operación.

Era el tercer operativo que se frustraba en el 2017, lo que pudo haber generado tensiones con los proveedores. De hecho, algunas fuentes policiales no dudan en vincular esta circunstancia con el hecho de que hace escasas semanas fuese asesinado en Pereira (Colombia) un supuesto miembro de esta organización en lo que la policía define con un ajuste de cuentas en toda regla.

De hecho, este asesinato se considera que fue el detonante de que otro de los detenidos en la operación Mito, también de nacionalidad colombiana, disparase el lunes, cuando se desarrolló la operación, contra los agentes de los GEO que iban a registrar una nave de tiro en la localidad madrileña de Alpedrete. «Debió de creer que iban a por él, a darle pasaporte», apuntó ayer un agente de la Comisaría de Pontevedra, instalaciones por las que pasaron varios de los arrestados de la rama gallega.

Prácticamente al mismo nivel que a García Arango los investigadores sitúan a Ramiro Somoza, otro de los históricos del narcotráfico de la Rías Baixas. Y en un tercer escalafón está el hijastro de Laureano Oubiña, David Pérez Lago, quien fue el encargado, presumiblemente, de dirigir a los pilotos de las planeadoras que deben cubrir el último tramo marítimo transportando los alijos de cocaína.

En todo caso, entre los detenidos e investigados se encuentran, presuntamente, personas vinculadas no solo de forma directa con el traslado de las partidas de droga desde Sudamérica, sino también con el entramado de testaferros que pudo haber dado cobertura a algunas de las propiedades adquiridas con dinero de procedencia ilícita para, de este modo, ocultar quién era su verdadero propietario.

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