Una madre primeriza y otra que está a punto de serlo relatan su experiencia
08 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.Carolina nació a principios de los ochenta. Ángela también. La primera vive en O Portazgo, en el concello de Culleredo. La segunda en Ribeira. Las dos son hijas del baby bum de principios de los ochenta y las dos han meditado mucho ser madres. Han disfrutado de la vida, han esperado a tener estabilidad... Carolina sabe ya desde enero, cuando nacieron sus niñas, qué implica la maternidad. Ángela lo sabrá pronto, aunque ha oído hablar mucho del tema. Sale de cuentas en semanas. Lo que explican una y otra sobre lo que implica dar ese paso tan importante en sus vidas corrobora lo que muestra la estadística. Como María, Victoria, Andrea y otra Carolina, ambas ponen rostro a los números.
«No cambias. Cuando tienes un hijo o, en mi caso dos niñas, eres la misma que antes. Lo que varía es el estilo de vida. No sabría cómo explicarlo porque resulta complicado de entender. Desde luego no lo cambio por nada, pero no ando embobada con ello como pasa a algunas mamás», cuenta Carolina. Además apunta que la vida no solo varía para las mamás. También lo hace para los papás. «Por ejemplo el padre cambió de trabajo para poder estar más con nosotras». Ha tenido ya prácticamente un año para saber lo que es enfrentarse a dos bebés: «Nadie te prepara para todo esto», dice.
De momento, Ángela no sabe lo que es ser mamá. Está embarazada de ocho meses, pero al contrario que Carolina piensa que su modo de vida no cambiará mucho. «Una cosa es que esto hubiera ocurrido con veinte años, pero ahora a los 33 no creo que me cambie mucho la vida porque no salgo cada semana ni voy de parranda todos los días», explica.
Aunque lleva veinte años con su pareja, lo de ser padres lo han pensado muy bien. «Esperas a acabar de estudiar, luego buscas un trabajo que tenga una estabilidad... pero hoy en día es raro que se tengan hijos antes de los treinta», sugiere. Justo es la búsqueda de la estabilidad económica y laboral la que, como en su caso, lleva a muchas personas a retrasar la paternidad más allá de la frontera de los treinta.
No es todo igual
Porque, como comentaba también María, esta joven de Ribeira también piensa que los horarios laborales no ayudan. «No tengo ninguna queja porque en mi trabajo me han ayudado en todo para poder ser mamá, pero eso no es lo habitual», explica. Y hace un apunte: «A la hora de analizar las facilidades que pueda haber no es lo mismo una ciudad grande como Madrid o Barcelona como otra más pequeña como A Coruña. Lo mismo puede pasar en una empresa grande con guardería propia que una más pequeña donde hay únicamente tres o cuatro trabajadores. Ahí todo es más complicado», dice.