Renfe afronta su enésima reconversión, 6.000 millones de deuda y la liberalización del sector
05 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El accidente de Angrois ha acabado de sumarse a las complicaciones administrativas y a la amplia oposición sindical para frenar temporalmente la enésima transformación de Renfe, una empresa sometida a una reconversión interna constante desde que fue creada en 1941 gracias al decreto nacionalizador de todas las compañías de vía ancha de entonces.
Pese a dicho impasse, casi tres cuartos de siglo después del nacimiento de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, y tras acumular diversas etapas de pérdidas, la empresa está abocada a trocearse este año como en el 2005 cuando dio a luz al ADIF como certificación del fin del monopolio, entonces solo en materia de mercancías. Su consejo de administración ya ha aprobado que la compañía dé paso a otras cuatro para repartirse el tráfico de pasajeros, el mantenimiento de los trenes, las mercancías y la gestión y alquiler a los competidores de su material rodante.
Mercado libre desde el miércoles
Con una deuda acumulada que supera los 5.600 millones de euros y unas pérdidas previstas para este año de 170 millones, Renfe tiene que hacer frente a la llegada de la competencia en uno de sus peores momentos económicos y de prestigio, tras haber sufrido el segundo peor accidente de su historia.
Aunque la entrada de los competidores, posible ya legalmente desde el miércoles, está muy encaminada de inicio solo al sector turístico, dejando para una segunda fase la alta velocidad, media distancia y cercanías, Renfe y el resto del entramado ferroviario español se ve obligado por el Ministerio de Fomento a encontrar la fórmula que lo haga competitivo y deje de aumentar los 20.730 millones de euros de déficit que acumula la operadora de trenes junto al ADIF y los que dejó Feve antes de desaparecer este año, y sumar junto a las otras dos sociedades ferroviarias casi 500 millones de euros de pérdidas anuales.
Deuda salvaje
El ADIF, administrador de las vías y la red en general, supera ya por sí solo los 14.000 millones de euros de deuda y reúne 13.224 empleados. Renfe cuenta con otros 13.400, mientras que Feve cerró con 1.850 integrantes y 530 millones de deuda. La firma de ferrocarriles estrechos desapareció el 1 de enero siguiendo el modelo diseñado por Fomento, integrándose una parte en Renfe y otra en el ADIF.
Los sindicatos temen que la fórmula del troceado de las dos patas del sistema ferroviario español conlleve finalmente la privatización total del mismo y un adelgazamiento drástico de sus plantillas, amenazadas ya por sendos ERE, de momento «voluntarios y universales».
Menos líneas
Pero ese no va a ser el único cambio que a buen seguro registrará la compañía. El plan presupuestario enviado por el Gobierno a la Unión Europea dentro de las medidas de recorte para disminuir el déficit estatal hizo que desaparecieran este mismo año el 15 % de las frecuencias en servicios regionales. El pretexto de su baja ocupación granjeó entre la sociedad grandes críticas a la operadora que aún goza en la práctica del monopolio en el transportes de viajeros. Unos 900.000 pasajeros se vieron afectados por el recorte, el 5,7 % del total, minimizó Renfe para explicar que el déficit de los servicios regionales alcanza ya los 238 millones. El ahorro previsto con la medida es de 15 millones de euros, aunque se anuncia que puede llegar a 50, aunque para ello la operadora que se ve inmersa en medio de otra reconversión, la llegada de la competencia y la crisis generada por la tragedia de Angrois parece dispuesta a soltar, o cuando menos concentrar frecuencias en todas aquellas líneas que no alcancen al menos el 20 % de ocupación.