«O peixe xa non sabe como antes»

Jorge Casanova
JORGE CASANOVA REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

JOSE MANUEL CASAL

Nueve niños de Muxía nacidos el año en que se hundió el «Prestige» exponen la memoria adquirida de una catástrofe que no vivieron pero que son capaces de explicar

11 nov 2012 . Actualizado a las 14:29 h.

Lucía, Antía, Samuel, Lorena, Laura, Lara, Jonathan, Daniel y Anxo forman la clase de 10 años en el CEIP de Vilarmide, en Muxía. Todos nacieron el año en que se hundió el Prestige; ninguno por tanto vivió directamente aquel trágico episodio. Y, sin embargo, los nueve tienen memoria de la catástrofe: «O Prestige foi un petroleiro que se afundiu na Costa da Morte. Partiu pola metade». Habla Jonathan, y Lucía matiza: «Foi o 13 de novembro, o día do cumpreanos de Samuel. E moitas persoas tiveron que vir a sacar o chapapote das pedras e dos animais». Samuel es el niño Prestige: vino al mundo la misma noche que el petrolero perdía el control e iniciaba su última aventura hacia el fondo del mar: «Non se tivera afundido se non levara tanta carga e non fora tan vello», dice.

Nos hemos reunido con esta pequeña tropa en la biblioteca del colegio para invocar la memoria del Prestige. ¿Qué les han contado? ¿Qué pueden decir? Tras un rato de charla quedan claras tres ideas: aquello fue un desastre producto de la ambición; la peor parte la llevaron los animales, aves y peces, y, por último, tuvo que venir gente de todos los sitios a limpiar porque los políticos, como gráficamente expone Dani: «Estiveron rascando a barriga». «Viña xente de todos os lugares e, para traballar, só lles valía a roupa un día. A xente quedaba enganchada no chapapote», añade Anxo, un rapaz de ojos claros y pelo rebelde, el más animado. «Meu pai foi a limpar e ao chegar a casa gardou a roupa. Non sei onde a gardou, pero unha vez vina e estaba toda negra», dice Antía.

Poco a poco, la memoria se va tejiendo, con algún desgarrón, todo hay que decirlo:

-Chocou contra un iceberg.

-Pero ¿que dis? Iso foi o Titanic.

-... E logo, ¿de que estamos a falar?

Tras la confusión y la carcajada general, Anxo recuerda algo más: «Daquela non se podía comer o peixe na Costa da Morte. Nin os percebes, nin os mexillóns...». Pregunto a la clase a quién le gusta el pescado y, contra todo pronóstico, aparecen nueve manos levantadas. «O peixe xa non sabe como antes». Lara tal vez no se da cuenta de que no puede tener recuerdos del sabor pre-Prestige del pescado, pero responde sin dudarlo cuando se le pregunta por las consecuencias de aquello. Memoria prestada, producto de lo que muchos piensan por allí.

Veterinarios

«Eu serei coidador de animais», pronostica Jonathan. «Eu, veterinario, para axudar a limpar as aves cando pasen cousas destas», matiza Dani. Las niñas recuerdan imágenes de gaviotas negras, hay lamentos infantiles y se alcanza el techo emocional de la reunión recordando a la fauna petroleada, las primeras víctimas y las que antes y de forma más profunda arriban al corazón de un niño.

¿Y quién tuvo la culpa? ¿Quién tendría que pagar? Jonathan, que está enterado de que estos días esa cuestión está saliendo en el periódico, lo tiene claro: «Deberían pagar os do barco por levar tanto peso». Hay bastante unanimidad al respecto. Igual que sobre la gestión que se hizo de la catástrofe: «Non fixeron nada, só saír pola televisión», dice una. «Saír pola televisión e dicir mentiras», apunta otro; «Os políticos son uns mentiráns e teñen que pagar polas súas mentiras», se anima una tercera. Son las ideas de moda que, al parecer, vienen al pelo para rememorar la catástrofe.

¿Alguien sabe decir quién fue Manuel Fraga Iribarne? Silencio sepulcral. ¿Alguien sabe quién es Mariano Rajoy? Todo el mundo tiene algo que decir. Y no bueno. Un decenio después y desde la sagrada inocencia de los diez años de edad, Fraga ha pasado al olvido y Rajoy es el paradigma de los nuevos villanos, aunque no necesariamente por su gestión sobre el Prestige.

Viramos el rumbo y, antes de que se pongan a dibujar, planteamos una última cuestión: después de todo aquello ¿creen estos chavales que se han tomado las medidas suficientes para que no vuelva a ocurrir algo semejante? ¿Se sienten a salvo de otra catástrofe? «Pode volver a pasar», responde Lara sin dudarlo.

Los demás cabecean en silencio. Nadie le lleva la contraria.