Mutación


Hace miles de años el Sáhara era un vergel. En menos tiempo habrá arqueólogos que demuestren que un territorio llamado Galicia estuvo habitado. ¿Ficción? A una media diaria de 20 a 30 gallegos muertos más que los que nacen, y subiendo el número de fallecidos sobre los nacidos -cosas de la vejez- hagan la cuenta. De 20 a 30 gallegos sin relevo diario implica perder una aldea. Cada semana, una parroquia. Cada mes, un pequeño municipio. Así, cada año, una terrible siega de gallegos deja desiertos concellos como Abegondo y Aranga juntos. Como la suma de Abadín, Alfoz, Antas y Baleira. Como Allariz, Amoeiro o Arnoia unidos.

La Voz clama en el desierto. La sociedad gallega no quiere oír, y menos escuchar, y menos pensar, y menos actuar. Galicia non desperta do seu sono. Subsiste instalada en la catalepsia.

Cuesta creer en medio de una crisis económica que esta pasará, como pasamos otras peores. Véase la que nos hundió entre 1936 y 1959. Aquí estamos, en pie. Pero este Prestige demográfico que nos azota desde el interior hasta la costa no da tregua. Más que crisis es mutación. Si Galicia fuese mujer, diríamos que está en su climaterio, a las puertas de la menopausia y la esterilidad. Hay que alertar y actuar. Alertar a diario, publicando en lugar destacado el parte de pérdidas de la víspera. Actuar, empezando por reconocer socialmente a los emprendedores vitales, esos que no se rinden, que aportan un hálito de vida. ¡Viva Galicia viva!

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