El Amoco Cádiz era uno de los petroleros más grandes que navegaban en la década de los setenta. Tan solo cinco años después de salir de los astilleros de Cádiz, el 16 de marzo de 1978, embarrancó en la isla de Ushant, en la Bretaña francesa, derramando 223.000 toneladas de crudo iraní y provocando el sexto vertido marítimo más grande de la historia. El accidente se debió a un fallo en el sistema hidráulico de dirección que dejó al superpetrolero a la deriva muy cerca de la costa. Para complicar aún más las cosas, la negociación del rescate con la empresa salvadora que había enviado a la zona a un remolcador retrasó el enganche del buque y agravó el riesgo de embarrancamiento. Toda la tripulación fue rescatada con éxito. El petrolero se partió en dos el día 17 y recibió el tiro de gracia diez días después en forma de cargas explosivas colocadas por la Armada francesa. En los municipios bretones afectados por la marea negra se siguió con especial atención el pleito emprendido por las autoridades galas en los tribunales de Chicago. Durante 10 años, una asociación organizó una colecta anual (12 francos por habitante) para contribuir a los gastos del proceso, que finalmente se prolongó durante trece largos años. Aunque finalmente llegó la lluvia de millones, no fue el torrente de dólares que esperaban.