FINALMENTE la diferencia entre celebrar en Madrid o en Vigo la reunión de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología ha sido el menú del almuerzo. El presidente del Gobierno trasladó a Galicia a medio gabinete para no mover ni un milímetro su vago compromiso con los plazos del AVE. «El tren llegará a tiempo», respondió Zapatero a Touriño cuando el presidente de la Xunta dijo confiar en que cada año se invierta lo necesario para que el tren de alta velocidad llegue en el 2012. Palabras que suenan evasivas y casi sarcásticas. Zapatero visitó el buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa y escenificó el respaldo a la construcción de la Ciudad del Mar, el futuro centro de investigación marina. Están bien los gestos, pero si vienen acompañados de números. Hablar del satélite Imagenio para el 2010 es interesante, pero a la opinión pública gallega le emocionaría mucho más la apuesta por la vanguardia tecnológica si tuviese una traducción concreta en el reparto de la tarta inversora. Y sobre todo, la visita hubiese resultado provechosa para Galicia si el presidente nos hubiese contado que cuando el satélite nos vigile desde el cielo, estaremos ya viajando a más de 300 por hora sobre las vías del AVE. Pero será al revés: miraremos al cielo desde un tren del siglo pasado.