«E como eu estando tan cerquiña non o atopei», se lamenta Bernardina Lorenzo, viuda del vecino de Toques José González
15 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?a reacción de los vecinos de San Martiño de Oleiros al conocer la noticia fue unánime. A todos cuantos ayer se enteraron de que en un monte de esta parroquia del municipio coruñés de Toques habían aparecido restos de un cadáver humano se les vino a la cabeza un mismo nombre: 'Xosé da taberna'. Así era conocido entre sus paisanos José González Varela, un vecino del lugar que, con 65 años, había desaparecido del domicilio familiar en junio de 1998 sin que desde entonces se hubiesen hallado pistas que condujesen a su paradero. «Non sabía nada, pero acordoúseme», comentaba a media mañana una mujer que se identificó como prima del desaparecido al ser preguntada por el punto en que, a última hora de la tarde de anteayer, fueron descubiertos los restos humanos por un vecino de la zona. A escasos metros de su vivienda, un todoterreno de la Guardia Civil y una furgoneta con la inscripción de una funeraria permitían intuir el lugar. Corrían las diez y media de la mañana. Siguiendo las señales dispuestas por el instituto armado para acceder a través de fincas casi intransitables, se divisaba, dentro de un espacio de monte calcinado, la zona acordonada, que miembros de la Guardia Civil y agentes judiciales inspeccionaban antes de que el juez ordenase la retirada de los restos humanos. Ya a mediodía, los vecinos presenciaban la retirada del operativo y, conscientes, de que sólo el resultado de las pruebas forenses determinará la identidad real del cadáver daban por sentado que los restos pertenecen a José. «É o monte que nós pisamos... e non demos con el», decía sorprendido uno de ellos. A dos kilómetros, los vecinos de Pazos -donde reside la familia de González- también conocían la noticia por los medios de comunicación. Su esposa, Bernardina Lorenzo, asumía los comentarios poco a poco: «E como eu estando tan cerquiña da casa non o atopei», no se cansaba de repetir la mujer que, consolada por sus vecinos, esperaba a la puerta de su vivienda la llegada de sus tres nietos y de su hija Olga, a la que en el puesto de la Guardia Civil de Melide al que se trasladó no pudieron confirmarle si entre los restos había aparecido algún objeto personal de su padre: «Unha navalla que sempre levaba con el e un reloxo de pulsera», recordaba Bernardina.