Celanova despidió consternada a los dos jóvenes que murieron en la A-52 al caer por un terraplén

La Voz LA VOZ | OURENSE

GALICIA

MIGUEL VILLAR

16 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Celanova vivió ayer una de las jornadas más tristes de los últimos tiempos al tener que enterrar a dos jóvenes que murieron en la madrugada del pasado domingo en la A-52, a su paso por Ribadavia. En la villa no hay otro pensamiento que el dirigido a estas víctimas de la carretera. José Antonio L.?D., de 23 años, era el conductor del Seat León TDI. Adelantó a un autobús que circulaba en el mismo sentido, pero perdió el control del coche, chocando con la mediana para luego atravesar la calzada y golpear dos veces las vallas protectoras. Se salió de la vía y cayó por un terraplén. En el siniestro pereció también Héctor R.?G. de 22 años. El único superviviente es el tercer ocupante, Félix G.?D., de 21 años. Permanece ingresado en el hospital Juan Canalejo de A Coruña y en la tarde de ayer el parte médico confirmó que sufre «un politraumatismo con afectación medular», siendo su pronóstico grave. Celanova quedó casi paralizada. Al sepelio, celebrado en la iglesia monacal de San Rosendo, asistieron centenares de personas. Los cadáveres fueron trasladados después a los cementerios de Sampaio (Celanova) y Penosiños (Ramirás). El obispo de Ourense, Luis Quinteiro, acudió por la mañana a dar el pésame a las familias. Los celanovenses se lamentan por esta desgracia. Las víctimas eran muy conocidas en la villa donde vivían. La tristeza general menguará hoy la alegría de la romería provincial Raigame, en Vilanova dos Infantes, con motivo de las Letras Galegas.