La falta de traductor impidió conocer datos vitales sobre los hechos del 11-M

Melchor Sáiz-Pardo MADRID

GALICIA

La policía «pinchó» el teléfono de Zougam pero no contó con expertos para interpretar sus conversaciones El terrorista marroquí utilizaba en sus comunicaciones un dialecto árabe

09 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Los servicios de inteligencia marroquíes alertaron a principios de verano del 2003 a la policía nacional de que Jamal Zougam, uno de los autores materiales del 11-M, estaba «muy vinculado» a varios de los terroristas que perpetraron la masacre de Casablanca el 16 de mayo del año pasado y en la que murieron 45 personas. Se trataba de una «información confidencial», en la que no se presentaban cargos contra el tangerino residente en Lavapiés, pero en la que se recomendaba mantenerle muy vigilado e informar de sus movimientos, habida cuenta de sus contactos con algunos de los más destacados terroristas detenidos en Marruecos. Según han desvelado fuentes de la investigación, en un primer momento las advertencias de las autoridades de Rabat no cayeron en saco roto. La Unidad Central de Inteligencia Exterior (UCIE) pidió autorización judicial a la Audiencia Nacional para intervenir varios teléfonos móviles relacionados con el dueño del locutorio madrileño. Las cintas comenzaron a grabarse de inmediato, pese a las dificultades para seguir las comunicaciones de Zougam, al que -dada su actividad de venta de móviles- no le resultaba difícil llamar desde diferentes números. No obstante, la recepción de llamadas casi siempre se hacía en las mismas terminales. Sin embargo, los problemas comenzaron de inmediato: la práctica totalidad de las conversaciones se mantenían en árabe. Aunque Zougam conoce perfectamente el castellano, sus interlocutores eran siempre magrebíes, por lo que la lengua que utilizaba era el árabe dialectal hablado en el norte de Marruecos, el darija . Los funcionarios encargados de escuchar los pinchazos alertaron a los mandos de la investigación de que era imposible seguir el contenido de las conversaciones, más allá de entender los nombres en castellano de calles, ciudades o personas. La respuesta de la policía fue desalentadora. Los responsables policiales rechazaron dedicar a uno de los cotizados expertos de árabe del CNP para dedicarle en exclusiva a las escuchas de Zougam, cuyo seguimiento «no era prioritario» en ese momento. Otras fuentes indican que fue Interior el que rechazó la petición de la Policía para contar con un traductor. Según reconocieron mandos de la lucha antiterrorista, la traducción a posteriori de las cintas aportó «información fundamental» para conocer el entorno en el que se movía uno de los miembros clave de la célula terrorista montada por Serhane Ben Fakhet, El tunecino .