Touriño defiende los objetivos del programa de inversiones que aprobó el PP y asegura que el Gobierno socialista se ocupará de hacerlos realidad con plazos y presupuestos.
27 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?as cosas han cambiado para el PSOE gallego. Los socialistas se mueven en un nuevo escenario político. La mudanza en la Moncloa dispara sus expectativas para las autonómicas del 2005, pero aboca a Emilio Pérez Touriño a defender ante el nuevo Gobierno las inversiones que demanda la sociedad gallega. «El Plan Galicia no es del PP ni del PSOE, es un compromiso de país», sostiene Touriño. Una llamada del vicepresidente económico, Pedro Solbes, pospone la conversación y enfría el café en su despacho del Parlamento. -¿La visita ya confirmada de Rodríguez Zapatero garantiza definitivamente la ejecución del Plan Galicia? -Que Galicia sea la comunidad elegida por el presidente para abrir su agenda en las autonomías tiene una carga simbólica que demuestra su compromiso y el del Gobierno con esta nacionalidad histórica. Esa es la respuesta. Asumida la necesidad de hacer reales los objetivos del Plan Galicia, para resolver el problema secular de las comunicaciones, ahora hay que desarrollar el programa de trabajo. Esto es lo que el Gobierno debe realizar en los próximos meses, para que tenga reflejo en los Presupuestos del 2005. -¿Eso implicará que, como demandó el Parlamento, habrá plazos y partidas concretas para todas las actuaciones? -Necesariamente. Los objetivos planteados en el Plan Galicia, la suma de todas las infraestructuras pendientes en este país, los compartimos. Nunca dije lo contrario. La alta velocidad, la autovía del Cantábrico, la articulación de la red de ciudades, el puerto exterior, etcétera. Esos son y deben seguir siendo los objetivos. Hay que hacerlos ciertos y viables. Pero en el Plan también faltan otras prioridades. Necesitamos, y trabajaré para que se consiga, un auténtico plan de recuperación de las rías. Hace falta un esfuerzo en innovación y tecnología, con un centro tecnológico agroalimentario y forestal y otro de ayuda a la pequeña y mediana empresa. Y Galicia precisa programas rurales para crear y fomentar el empleo en el interior, que lastra el desarrollo del país. -Usted ha tenido una implicación personal en la visita de Zapatero y en el compromiso con el Plan Galicia. ¿Había reticencias en el Gobierno? -Zapatero siempre ha estado muy próximo a la situación de Galicia. Es leonés, de la España de la segunda velocidad. Además, el Gobierno tiene un compromiso de reequilibrio territorial de España. Me correspondía asumir la iniciativa para que se focalizara ese compromiso en Galicia. -Ha llamado a muchas puertas, pero la presión social ha sido muy fuerte. -El plan de recuperación de Galicia responde a la movilización social. Nunca será una concesión de un Gobierno. La política no puede entenderse así. Tiene que ver con un país que toma conciencia de sí mismo, que se expresa por los medios de comunicación, de la sociedad civil que, tras la catástrofe del Prestige , reivindica ese compromiso de política con mayúsculas. En este punto, y ante un proceso de cambio en la política española, me preocupa la falta de capacidad de una Xunta decadente, instalada en la sucesión. El motor de los cambios tiene que partir del país y Fraga actúa como una rémora. -Usted pide calma «ós señores da dereita» y la Xunta insiste en interrogantes como el AVE cantábrico. -Estamos en abril y la derecha pregunta por los presupuestos del 2005. Galicia necesita que resolvamos cuanto antes la conexión por AVE con Madrid en menos de tres horas, la autovía del Cantábrico, la red de ciudades o el puerto exterior, que hay que culminar. No son del PP ni del PSOE, son compromisos de país en los que debemos trabajar al margen de colores políticos. No podemos renunciar a tener un AVE cantábrico, pero gobernar es priorizar y el objetivo a medio plazo es la conexión con Madrid. -Fraga ya habla del Gobierno amigo del PSOE. -Vuelve a equivocarse. Es una visión provinciana y antigua. Está bien como expresión coloquial, pero Fraga siente la política en esos términos del viejo orden caciquil del país.