Zizou, a cámara lenta

F. VAQUERO MADRID

GALICIA

LIGA DE CAMPEONES

23 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

En ocasiones, el entorno futbolístico se pregunta cómo se motiva un jugador cuando ya lo ha ganado casi todo. Ayer, Zinedine Zidane dio la clave: buscando que no se repita lo del casi. Zizou lo quiere todo, aunque para ello haya que obrar una versión del milagro de los panes y los peces y convertir la clase y calidad de las botas de uno en injusticia para cien mil personas. Porque ayer, el francés se olvidó de ser aquel gallo desquiciado del Juventus ante el Deportivo (aunque arranques tuvo de ello, premiados con una amarilla) y recordó su pasado campeón de Europa y del Mundo. El 5 merengue jugó ayer en blanco y negro, es decir, con retardo y a cámara lenta, tal como vieron por la televisión los madridistas de la prehistoria a su equipo cuando ganó la Quinta por 7-3 en Glasgow... tras eliminar al Barcelona. Florentino lo tuvo claro desde el comienzo. Dio el primer paso con Figo, pero el pisotón estaba condicionado a la presencia de Zidane en la casa blanca. Batió su propio récord y pagó trece mil millones de pesetas (78,13 millones de euros) intentando borrar un pasado con dos Ligas de Campeones y Lorenzo Sanz como protagonista en ambas fotografías. Todo parece indicar que el francés de oro se comprometió con la causa, ya que su primer discurso tuvo como principal argumento el vengo al Real Madrid para ganar la «Champions», algo que cada vez tiene más cerca. Para Zizou, la competición continental tiene un sabor especial. Es en ella en la que se emplea a fondo, con un sobreesfuerzo en trabajo y una agilidad de pensamiento inusitada. La noche de ayer fue la del Zidane todo terreno. El galo quiso ser mediocentro (bajo a por el balón hasta límites insospechados), interior (la banda era suya al comienzo) e incluso atacante (se le vio por las inmediaciones del área). Se las tuvo que ver con los manotazos de Motta y las tarascadas de algún otro, pero a todos ellos respondió con gol. Un tanto en el que sólo él confiaba. Por eso, lo marcó a cámara lenta, esperando a Cocu y mirando a Bonano. Era su segunda diana de blanco en el coliseo barcelonés. En febrero, dio la victoria momentánea al Madrid... hasta que César se encargó de empatar con la ayuda de Xavi.