Adiós a la ruta gastronómica

MARÍA CEDRÓN A CORUÑA

GALICIA

PRADERO

La pérdida de tráfico en la N-VI cambia los negocios y la vida de los habitantes de la montaña lucense

11 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Las mantecadas de Astorga nunca caducaban en Pedrafita. Las pirámides de cajas que se acumulan en los mostradores de los bares descendían a la misma velocidad con la que entraban los conductores en tránsito por la N-VI. Tras la inauguración del último tramo gallego de la A-6, parece como si alguien hubiera pegado los envases con pegamento al mostrador. La apertura de la autovía cierra una ruta de recuerdos gastronómicos cuya última parada estaba a los pies del santuario de O Cebreiro. Hace años, llegar desde A Coruña hasta la frontera con León llevaba siempre más de la cuenta. Y es que además de las curvas, había que tener en cuenta la duración de las paradas técnicas para convertir el coche en una alacena. Ahora todo es más rápido, menos el ritmo al que Maricarmen remueve el pulpo. Antes tenía que atender dos a la vez, pero desde que la gente de paso ya no se detiene a «toma-los rabos», le llega con uno. «As feiras acábanse, xa non son como antes. Recollemos antes e marchamos». Lo dicen ella y José Antonio, un vendedor ambulante que todos los días 5 de cada mes baja del Bierzo a Pedrafita para vender ajos y miel en la feria. Ahora llega antes, pero no compensa. «No se vende lo mismo, ni de lejos», explica. José Antonio ha borrado ya el mercado de Becerreá de su lista de citas mensuales porque las ganancias no le daban ni para el gasóleo y, si la cosa sigue igual, hará lo mismo con la de Pedrafita. A As Nogais ya nunca iba, pero allí la gente se lo toma con calma. En una mesa del Chavello, primera parada del sábado noche antes de bajar a Becerreá, cuatro vecinos juegan a las cartas. Una mano joven, sin callos, arroja sobre el tapete una sota de bastos. Luego otra, más arrugada, arrastra y los jugadores hacen un paréntesis en su partida. «Pola semán aquí non hai ninguén, pero cando chega o sábado ven moita xente de fóra, sobre todo parellas novas, incluso máis que antes», dice Jorge Alba, un joven que nació en el pueblo y que ahora viene sólo los fines de semana. «Aquí triunfa o turismo rural», sentencia. Pero la gente que llega a estas casas rehabilitadas busca paz y por eso la movida en Becerreá, donde se concentraban los jóvenes de toda la comarca de Os Ancares, destiñe. Quedan los quinceañeros y los que salen a tomar un café. Lugo, más cerca Ahora es más fácil llegar a Lugo. Para ir de copas a Clérigos o a la Rinconada ya no hay que pensar en eso de «una vez al año, no hace daño». Además, en la elección entre salir en un lugar o en otro no hay dudas. «En Lugo hai máis para onde mirar», comenta un chico de Becerreá que pasea por la acera. Sarria es para él otra alternativa, pero la carretera está peor. Becerreá ha cambiado mucho desde el último verano. Aurea podía haber ganado el guiness haciendo bocadillos, pero lleva siete meses sin practicar. La vía rápida que escala hacia Os Ancares les secó la lluvia de turistas que pasaban por el pueblo. Ahora, dice, «quedan os vellos».