Todos los partidos son inestables

La Voz

GALICIA

JOSÉ PARDO

Más de la tercera parte del cuerpo electoral cambia de opción política Desde las decisivas generales de 1996, todos los partidos gallegos vienen registrando un alto y peligroso grado de volatilidad. Ninguno dispone de un electorado plenamente estable, incondicional. Como en la vida postmoderna, se da un creciente grado de infidelidad y de adhesión condicionada: para esta elección sí, para esta no, para la otra prefiero a la competencia; voto en blanco, o simplemente no voto. El centroderecha es incluso ligeramente más volátil que el agregado de la izquierda. Entre los que más lo han votado y los que menos, hay una diferencia del 29,4%. Para la izquierda es del 28,2%.

30 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El PP, que ya representa el abanico de centroderecha, viene registrando desde el 96 unos contrastes muy acusados. Sólo ha mantenido una pauta de consistencia en progresivo crecimiento en elecciones generales. En el 96 había logrado el gran registro del 35,6% del censo, y en las del 2000 llegó a la cota del 37,1%. Sin embargo, en autonómicas ha iniciado una tendencia descendente. Ya en las anteriores del 97 dejó de subir e incluso comenzó a bajar suavemente, del 34,2% al 34. Y en las del 2001 ha vuelto a descender, al 32,4%. La divergencia de trayectorias se acentúa en elecciones municipales. En las del 99 bajó un 10% respecto a las previas del 95. Y dejó de votarle un 19% del espacio social logrado en el 96. Además, el PP está perdiendo aquella condición que en la primera mitad de los noventa lo hiciera tan sólido, de aprovechar los impulsos y avances de las elecciones generales para consolidar y ampliar las posiciones autonómicas y municipales. Y no sigue en autonómicas la estela de las generales, cada vez hay más distancia entre el consenso para el PP estatal y para el PP gallego. Por los márgenes anteriores sigue ganando en autonómicas, pero cada vez con menor diferencia, y ha sido electoralmente igualada y políticamente superada por la izquierda en municipales. Diferenciación territorial. La suma de las inestabilidades en cada municipio gallego alcanza para el PP en el conjunto de Galicia el referido 29,4% sobre el total del máximo de votos alcanzado entre 1996 y el 2001. De forma que, como media, los votantes permanentes son el 70,4%; un 29,4% ha cambiado de posición electoral. Para entender mejor lo que miden esos porcentajes piénsese que, si todos los municipios votasen siempre de forma estable, el PP estaría al nivel del 100% de fidelidad, y el porcentaje de volatilidad sería cero. En cualquier caso, ese 29,4% es una cifra media para los 315 municipios gallegos, dándose numerosas diferencias entre ellos y sus agregaciones provinciales. El PP, encuentra menos volatilidad o más estabilidad en las provincias de Ourense y Lugo. Ahí ha tenido un equivalente del 79% de su espacio electoral que le ha sido fiel. El 21% restante ha sido móvil y condicional. En el extremo opuesto aparece la provincia de A Coruña, la más inestable para los populares. Sólo el 65% de los que lo han votado repiten siempre; un 35% varía sus preferencias. Pontevedra ocupa una posición intermedia con el 28% de volatilidad y el 72% de fidelidad. Contrastes locales. A medida que se desciende a los niveles municipales individualizados, los contrastes se hacen más acusados, ya que al agregar y promediar los datos según provincias, las desviaciones se atenúan. No obstante, las visiones individuales o de menor agregación completan las de los conjuntos mayores. Todas son útiles para una comprensión adecuada de los gallegos como ciudadanos electores, como decisores políticos. Para el PP y siempre con referencia a las cinco últimas convocatorias, los municipios más volátiles son Vilagarcía, A Coruña, Cambre, Muros y Culleredo. En ellos más de la mitad de los que lo han votado han dejado de hacerlo al menos en una ocasión. Con inestabilidades entre el 40% y 50% aparecen ayuntamientos como Ferrol, Marín, Fene, O Grove, Neda, Dumbría o Frades. Por encima de la media gallega y hasta el 40% se encuentran municipios como Vigo, Caldas, Arteixo, Allariz, Carballiño, Betanzos, Vimianzo, Coles, Paderne, Cervo o Xinzo. Ya con menos inestabilidad, aunque alta, por encima del 25%, están las ciudades de Santiago, Lugo y Pontevedra, y municipios como Cerceda, A Baña, Outes, Foz, Abadín, Becerreá, Laxe y Celanova. En el extremo opuesto, donde la fidelidad llega al 90% figura la ciudad de Ourense, la única de las gallegas donde las variaciones de votos no han superado la desviación del 10%. Otros municipios notablemente estables son A Estrada, Lalín, Vilalba, Covelo y Agolada. Y en un abanico menor pero por debajo de la media gallega se encuentran Monforte, Redondela, Sarria, Boiro, Moaña, Noia, Ribeira, Verín, y Cangas, además de numerosos concellos de poca población. En general, el PP tiende a ser más volátil en las ciudades y grandes municipios que en los de menor población. Pero presenta numerosas excepciones a esta jerarquización.