SENÉN TOUZA
27 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El planteamiento trasladado al sector por parte de los sesudos negociadores europeos a raíz de la ruptura del pacto pesquero con Marruecos fue el de pedir a los armadores poco ruido para que no se apreciase la inquietud española. A cambio, el sector tendría sustanciosas compensaciones para paliar el amarre. Las consecuencias de esa estrategia han sido que las ayudas han adormecido al sector y la imposibilidad de poner a funcionar numerosos barcos, los más viejos, cuya adaptación a pesquerías lejanas es inasumible. El balance es el de una flota, la más antigua, abocada al desguace; la industrial, probando aguas alejadas; y unos buques artesanales nuevos que no puede acceder a bancos lejanos y que pagan el error de un empecinamiento de la UE, que impuso que el pacto tenía que englobar a todos. Esta flota pide un último intento. Rabat ha transmitido al sector y a algún político -al alcalde de Ribeira- la posibilidad de hallar salidas. Quien necesita pescar es la flota gallega y, por tanto, la UE debe dar el primer paso. Se ahorraría un buen puñado de euros, ¿o pretende pagar para sacarse un problema de encima?