El ocaso de la primera generación de «narcos»

GALICIA

Los traficantes históricos gallegos languidecen en la cárcel La actualización de la página «web» de Laureano Oubiña deja mucho que desear. En su apertura se dice que el cambadés nunca fue condenado en firme por delitos de narcotráfico. Sin embargo, el Tribunal Supremo confirmó la semana pasada la sentencia de la Audiencia Nacional. Como Oubiña, los narcos gallegos de primera generación asisten al ocaso de sus días.

12 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

A Al Capone tuvieron que encerrarlo en la isla de Alcatraz porque era capaz de dirigir a su banda desde la cárcel. Eran otros tiempos, porque los miembros de la plana mayor del narcotráfico gallego, ahora en prisión, ven cómo el edificio de actividades ilícitas que construyeron está, en la mayoría de los casos, ocupado por nuevos inquilinos. El capo por excelencia, Manuel Charlín Gama, encargó su defensa ante el Tribunal Supremo al abogado que le salvó de una condena en el macroproceso Nécora. Pero esta vez, el prestigioso letrado catalán Armando Ródenas no pudo hacer nada por él. Se convertía así en el segundo narco gallego condenado por sentencia firme, después de Sito Miñanco. Hace unas semanas, Laureano Oubiña ingresaba en esta nómina de narcos a los que se puede llamar de esa forma sin temor a una querella. Nuevos modos Mientras los rectores de la universidad del tráfico ilícito sientan cátedra desde la cárcel, los que luchan contra estas actividades están más preocupados por las nuevas generaciones, con los errores aprendidos y mucho más opacos en sus modus operandi. A medio camino entre la generación fundacional y la del relevo está Josefa Charlín. La hija del patriarca del clan de los Charlines tuvo que hacerse cargo del negocio familiar ante la ausencia forzosa de su progenitor y dos de sus hermanos. Ahora está a punto de ser extraditada a España desde Portugal, por dos delitos de narcotráfico y otro de blanqueo de dinero y tendrá que responder a las preguntas de Baltasar Garzón. La conjura europea contra el narcotráfico también dio buenos resultados con Oubiña en su refugio griego de Eubea o en Marruecos con Manuel Charlín, otro miembro de los Charlines en rebeldía. Las películas del cine negro sí aguantan la comparación en el caso de la implicación de los abogados en los oscuros negocios de sus clientes. Es el caso de Gerardo Gayoso Martínez, condenado por sentencia firme en el Tribunal Supremo en compañía de su cliente, Laureano Oubiña. El letrado y presunto narcotraficante Pablo Vioque repasa los libros de leyes en la cárcel después de haber sido liberado y vuelto a encarcelar en tan sólo 24 horas, por su presunta implicación en el hallazgo de 1.800 kilos de cocaína. La última decisión judicial sobre esta generación de narcotraficantes es la que condena a 18 años a Alfredo Cordero y José Ramón Ortigueira por considerarlos los jefes del desembarco de casi 5.000 kilos de cocaína en un acantilado de Tapia de Casariego. Los que quedan El logro de que los principales traficantes de droga estén entre rejas es un tanto que la Policía se apuntó a finales del año pasado. En el apartado de las cuentas pendientes queda Francisco Javier Martínez Sanmillán. Franki fue condenado a once años en el macroproceso de la operación Nécora, pero aprovechó que se encontraba en prisión condicional para huir. Según las investigaciones policiales, organizó junto a Cordero y Ortigueira el desembarco de droga en Tapia. Santiago Garabal Fraga está reclamado por la Audiencia Nacional desde 1996 y la Policía también perdió la pista de Antonio Esperón Otero, que no se presentó a los juicios de la operación Santino. Mientras en su página web Laureano Oubiña sigue defendiendo su inocencia y el último baluarte de los Charlines tiene que rendir cuentas ante la Justicia española, los investigadores buscan los trucos que esconden las actividades de sus herederos.