EL OGRO DE LA PESCA

La Voz

GALICIA

SIRO

19 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

ÓLO una cosa se le da peor al danés Steffen Smidt que la pesca: la comunicación. Esto es algo que quedó claro en la negociación del acuerdo con Marruecos, hasta el punto de que el Gobierno de Rabat llegó a cuestionar seriamente la presencia del director general de Pesca de la Unión Europea (UE) en una entrevista de alto nivel mantenida entre el primer ministro marroquí, Abderramán Yusufi, y el eurocomisario Franz Fischler. Pero lo anterior sería anecdótico si el problema de Smidt no fuese más grave. La sensibilidad nórdica es, en su caso, un obstáculo que le lleva a embestir a cada minuto con la cultura del Sur, y es palpable que adolece de falta de feeling con varios eurodiputados, con una gran parte del sector pesquero y también con algunos de sus más directos colaboradores. Una constante obsesión En realidad, Steffen Smidt no es un político. Y a diferencia de su jefe, Franz Fischler, ni le preocupa parecerlo. Su experiencia con barcos y xurelos se reduce a que, en Bruselas, también ha sido responsable de las direcciones de Desarrollo y Administración. Y es posible que deba a su paso por el último de estos departamentos su constante obsesión por retocar continuamente el organigrama de la DG-Pesca, que fue motivo de dos reformas en dos meses para poner en puestos clave a personas de su entera confianza. La mera conjugación del apellido Smidt causa pavor en Galicia. De hecho, la firma de este danés figura en informes que defienden el desguace del 40% de la flota de la merluza, en los que pretenden convertir los acuerdos pesqueros africanos en una especie de ONG, y en otros que abogan por emplear como camareros a los millares de pescadores que tienen amenazados sus trabajos. Ahora bien, este alto funcionario de aspecto gris y corte tecnócrata no duda en arrimar el ascua a su sardina cuando se tercia. Por su cargo, se presume que ha tenido mucho que ver en la negociación del acuerdo de pesca con Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, país de origen de Smidt. Pues bien, curiosamente, los armadores europeos que pueden faenar en la isla ártica -casi todos, menos los españoles y portugueses- no tienen que pagar ningún canon por las capturas. Ésto, en Europa, es una excepción. Pero en Galicia tiene otro nombre: discriminación.