Bertamiráns, el dormitorio de la Xunta

La carestía del suelo en Santiago generó en los 90 un explosivo crecimiento en el concello de Ames, que casi dobló su población Ames comparte con Santiago su personaje más universal, Rosalía de Castro, criada en la parroquia de Ortoño. Además, le dio a Compostela su empresario más exitoso, Manuel García Cambón, fundador de la maderera Finsa, la segunda de España. A cambio, este emergente municipio se está cobrando una sustanciosa indemnización demográfica: desde 1998 se fueron a Ames 2.808 vecinos de la capital de Galicia, según cifras oficiales. El crecimiento del censo es explosivo, del 80% en los 90. Bertamiráns y O Milladoiro, los núcleos urbanos de Ames, atraen a jóvenes profesionales con sus pisos nuevos y asequibles.


AMES

Víctor Millán, un joven enfermero de A Pobra do Caramiñal, estrenó hace dos años su nuevo hogar de Bertamiráns. Pagó poco más de diez millones por un moderno apartamento con dos dormitorios, un espacioso salón, cocina y dos cuarto de baño. Disfruta de una bucólica vista del río Sar oculto entre la arboleda. Sin embargo, una casa similar en el suburbial barrio de Conxo, en Santiago, junto al hospital en el que trabaja, le hubiera costado seis millones más.Como Víctor, centenares de docentes, profesionales de la sanidad y funcionarios de la Xunta fijaron su residencia en Ames, un municipio de 17.000 habitantes en el que la mitad de la población tiene entre 15 y 44 años de edad.En Bertamiráns se puede encontrar un piso nuevo por 130.000 pesetas el metro cuadrado y en O Milladoiro, por 140.000, 40.000 menos de lo que se paga en la zona más barata de la capital, el barrio de Meixonfrío.La otra «obra» de Estévez«En Bertamiráns, habería que lle facer unha estatua a Xerardo Estévez», dicen con retranca los lugareños. Y es que el rigor urbanístico aplicado por el arquitecto-alcalde que transformó Compostela y la falta de suelo urbanizable causó un éxodo masivo a los municipios de los alrededores, en pos de casas nuevas y asequibles.El propio alcalde de Santiago, Sánchez Bugallo, vive en el concello de Teo, en un chalé adosado del parque Montouto, una urbanización que comienza justo después del cartel que anuncia el fin del territorio compostelano en la carretera de A Estrada.Camino de Noia, después del campus sur y el nuevo hospital, se abre paso una amplia zona rural, salpicada de casas, como la de Roxos, donde por ahora vive el presidente de la Xunta. Inmediatamente a continuación del letrero que da la bienvenida en el municipio de Ames, reaparece el paisaje urbano, también en forma de decenas y decenas de idénticas casitas de tejado rojo. Se trata de la urbanización Aldea Nova, el adelanto del más dinámico barrio de Santiago, Bertamiráns, situado, por las paradojas del urbanismo municipal, a más de diez kilómetros de la ciudad.Algo parecido, aunque con una distancia mucho menor, sucede en dirección a Pontevedra, donde se alzan las moles de cemento de O Milladoiro.Mientras el resto de municipios gallegos de su tamaño decidían su futuro, expulsando población o consolidándose como cabeceras comarcales, Ames vivió entre 1950 y 1990 una gran estabilidad demográfica, por lo menos oficialmente. Pero, en los últimos diez años sus 9.000 habitantes se convirtieron en 17.000, cifra en realidad superior, pues muchos residentes siguen inscritos en Santiago o en su lugar de nacimiento. Entre 1990 y 1998, el aumento del censo fue el segundo mayor de Galicia, sólo superado por el municipio ourensano de Barbadás.La precursora del éxodo, causado por razones familiares, no urbanísticas, fue Rosalía de Castro, nacida en 1837 en Santiago. Hasta los trece años vivió en una casa de Ortoño (Ames), a cargo de una hermana de su padre, el cura Martínez Viojo. Ella regresó, aunque temporalmente, a Santiago.

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