Jorge Díaz: «Con el tiempo se le puede encontrar belleza a la tragedia»

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Jorge Díaz invita a revisitar un siglo convulso, y la misteriosa historia del barón von Rolland, en «El espía».
Jorge Díaz invita a revisitar un siglo convulso, y la misteriosa historia del barón von Rolland, en «El espía».

«Dentro de nuestra cabeza, todos somos héroes, ¿pero qué haríamos para sobrevivir?», plantea el guionista y novelista que es Carmen Mola junto a Agustín Martínez y Antonio Mercero. Díaz ha urdido en solitario «El espía», un «thriller» histórico entre Barcelona y Mojácar con «monstruos» reales como el barón Von Rolland y amistades realmente extraordinarias

10 ene 2026 . Actualizado a las 11:45 h.

En La voz a ti debida dice Pedro Salinas: «Era tan de verdad que parecía mentira». Con una crueldad desprovista de rima encaja en este verso el thriller con el que el que el novelista Jorge Díaz deja de ser, provisionalmente, un pedazo de Carmen Mola para urdir una trepidante trama en solitario. El espía nos hace regresar a la mitad del siglo XX, varar en una playa de un Mojácar sin agua corriente y con frecuentes cortes de luz para ser testigos de la persecución de un barón que existió realmente, Ino von Rolland, y que revive en las páginas de esta novela.

­—¿Quién es «El espía»?

—Aunque está basado en una persona real [la novela incluye su foto, sacada de los interrogatorios que le hizo el MI6], es un personaje de ficción; el barón von Rolland, alemán de procedencia judía, de Salónica. Al comenzar la Primera Guerra Mundial, se alista voluntario en el Ejército alemán para defender a su país. Es un hombre seductor, con don de gentes, con muchas amantes, un gran políglota, que hablaba los idiomas como si fuera nativo... Los alemanes deciden que, en vez de en la trinchera, su lugar está en la inteligencia, y lo destinan a labores de espionaje. Le mandan a Barcelona a trabajar para Alemania. Y allí le espera el comisario Brabo Portillo. Y entre los dos organizan toda una red de espionaje en España en la época.

­—¿En qué se ocupaba sobre todo esta red?

—Desde trabajos para impedir que las fábricas catalanas cumplan sus contratos con los Ejércitos francés e inglés hasta crear una red de avituallamiento para los submarinos alemanes en el Mediterráneo.

­—¿Es esta novela también la historia de una gran amistad?

—Sí, el barón se hizo amigo, a su llegada a España, de Wilhelm Canaris... El barón era judío, pero que lo fuera en la Primera Guerra Mundial no tenía ninguna importancia. Lo que ocurre es que Canaris con el tiempo se acabaría convirtiendo no solo en el enlace entre Hitler y Franco durante la guerra civil española, sino que además será el jefe de la inteligencia del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Canaris, que no es antisemita y no es nazi, para proteger a su amigo el barón Von Rolland lo toma bajo su protección y lo manda de espía a Argentina. Allí el barón solo hará una labor comercial.

­—¿No estamos ante un judío nazi?

—No. Le tocó vivir una época muy especial. Y supongo que, por sobrevivir, hizo lo que pudo...

­—¿Fue su figura o su desaparición lo que le llevó a novelar sobre él?

—Todo. Según todos los indicios que hay, el mismo día que el barón recibe la nacionalidad española [por una ley que la favorecía para los judíos sefardíes], desaparece. No se volvió a saber más. Eso me llevó a decidir inventarme qué pudo pasarle a partir de ahí. Y eso es producto de la imaginación. ¡Lo primero que hago para no tener que inventar demasiado es matarle en el capítulo uno!

El barón von Rolland, en una foto extraída de los archivos del MI6, protagoniza la investigación que centra la novela «El espía».
El barón von Rolland, en una foto extraída de los archivos del MI6, protagoniza la investigación que centra la novela «El espía».

—Entre las primeras apariciones en escena está la del cabo Bermejo. ¿Quién es y cómo decanta el caso de la novela?

—Es un cabo novato que llega a Mojácar a investigar la muerte y se da cuenta de que lo han matado allí para cubrir el expediente. Él quiere hacer su trabajo y ve que tiene dos maneras: tirando hacia delante, para descubrir quién lo asesinó y detenerlo; o ir hacia atrás, para averiguar quién era este hombre... Es espía y de los espías se sabe muy poco. Hay que descubrir quién era el barón para saber quién tenía motivos para asesinarlo. En eso consiste la novela, en ir de atrás hacia delante. He tenido que suplir con ficción los agujeros que había, que eran muchos. Ahora tengo la sensación de que voy a saber algo más sobre el barón, sobre lo que pudo pasar en realidad...

—¿Piensa que fabular ayuda a saber la verdad?

—Sospecho que sí, pero no estoy seguro del todo. 

—La idea del monstruo como superviviente. ¿Qué haríamos por sobrevivir en un contexto hostil?, invita a pensar.

—Dentro de nuestra cabeza, todos somos héroes, pero vivir esa primera mitad del XX, dos guerras mundiales, la revolución en la Unión Soviética, el exterminio nazi... Imagino que hubo gente que fue víctima, gente que fue verdugo y mucha que fue espectadora, pero también otra mucha que fue las tres cosas a la vez.

—¿Todo pasado trágico se puede embellecer con tiempo y ficción?

—Es posible... Con el tiempo, en la novela, se le puede encontrar belleza a acontecimientos trágicos. Ahí está la frase que dijo ahora no recuerdo quién: «Comedia es igual a tragedia más tiempo».

—¿Deudor de Eduardo Mendoza?

—De ese ambiente que retrataba tan bien Mendoza, sí. Leí en el instituto La verdad sobre el caso Savolta, y siempre quise hacer algo así. Cuando los Carmen Mola decidimos que en el 2025 íbamos a sacar cada uno una novela en solitario me acordé de la historia y me puse a ello.

—¿Qué tienen en común espía y escritor?

—La mentira. Si vemos la ficción como mentira...

—¿Qué significa ser Carmen Mola, tres en una, o uno que triunfa como tres? ¿Os ha devorado «la» premio Planeta?

—No. Me siento orgulloso de Carmen Mola. No me molesta nada que digan que soy un tercio de Carmen Mola. De hecho, en esta novela he echado de menos a mis compañeros de Carmen Mola. Cuando escribes solo, no tienes a ese tercero que te ayuda si tienes un día malo. Es raro que tengamos un día malo los tres a la vez. Siempre hay alguno de los tres que aporta algo nuevo, algo diferente, nuevo... Si estás solo, no tienes eso. Tienes que conformarte con llegar donde puede tu cabeza. Los días malos echo de menos a mis compañeros... A cambio, hay otros días en los que tú estás convencido, los otros dos no, y tú renuncias a tu idea. Aquí, no, cuando estoy solo puedo escribir lo que quiero. Y luego hay otra cosa interesante en Carmen Mola... Que siempre hay uno que dice: ¡Vamos a darle a esto una vuelta más! Seguro que encontramos algo mejor. Si estás solo, hay veces en que la pereza, el miedo..., te hace conformarte con la primera solución. He intentado acordarme de eso cuando escribía solo. Pero, en fin, de Carmen Mola estoy muy orgulloso. Estamos ya trabajando en su siguiente novela.