Pinta para que no te dé igual

Científicas, músicos, casas, grietas en la calle y escenas de bus inspiran a esta artista que ha cerrado el curso luchando por la igualdad. ¿Armas? Ingenio y tiza


El amor romántico mata, grita una pintada en la pared en la calle Panaderas, de A Coruña. Subo por ahí hacia la plaza del Papagayo, donde me cita en uno de sus cafés la ilustradora y cuentista Oreli Pello. Ella, que vino de Brest con el serio objetivo de opositar y se quedó pintando con gracia (o retranca) cosas de la vida, tan cascarilleira, es muy de Coruña. Pero su primer contacto con Galicia fue en Ribadavia, «e fixo Istoria». El talento se le vio en Burela cuando gastaba codos en el departamento de Francés. «Fue un día que tomábamos café a la hora del recreo y yo trazaba líneas en una servilleta, sin pensar, sin saber lo que hacía». Un trimestre bastó para que a Oreli le descubriesen la mano, y estuviese más ya en Artes que en Francés. «Pasé el año dibujando», recuerda. Lo primero fue una casa con plumilla que se «trajo» en el cuaderno de una visita a A Fonsagrada. «Hacer aquel dibujo fue una revelación. Me dije: ¿Qué pinto yo opositando si me siento tan bien con un lápiz en la mano?». Esta es la cuestión que cambió su suerte, que la empujó a presentarse a las pruebas de acceso de la Escola Pablo Picasso, superarlas y quedarse en A Coruña.

En su recuncho del Norte vive, pinta y dibuja (en servilletas, cuadernos o chapas de aguja que puedes llevarte en la solapa, «como un pequeño cuadro en un soporte común» de la firma Jurel). Y aquí en su Coruña cerró el curso escolar, con un mural contra la violencia de género, que hizo en colaboración con los alumnos de cuarto de los Dominicos y su profesora de Artes Plásticas. «El objetivo era tratar el problema evitando la imagen de una mujer victimizada, enfocar la posibilidad de superarlo, a esa mujer que por sí misma o con ayuda», denuncia y retoma la vida. Las armas, ingenio, equipo y tiza.

Este verano, Oreli dará un curso intensivo de nueve horas de urban sketch los días 13 y 14 de julio (www.orelipello.com). La idea, retratar la ciudad desde un punto de vista artístico. Para niños, del sombrero sale otra propuesta: aprender francés dibujando, «dibujo e idioma de forma divertida».

La gente, su manera de vestir; las ruinas, «con su historia, con ese punto romántico...», las grietas en la acera, los tejados de Monte Alto o una escena de bus bastan para que la cámara que Oreli tiene en la cabeza haga clic. También Rayuela de Cortázar, los poemas de Neruda o pelis como Ice Age.

De pequeña quería ser arqueóloga y dibuja desde la prehistoria. «Cuando estaba en clase de literatura... le hacía caricaturas al profe hablando de Góngora. Me interesaba el verso pero también la cara del profe mientras lo explicaba». Esa vocación juguetona a la que «no hacía caso en serio» cogió lápices, rotus y se tomó la justicia por su mano. Ti vas ver!

Hoy Oreli hace con su abuela, Flore Simón, hasta teteras personalizadas. «Todas únicas, no hay dos iguales», asegura. Abofé!

ARTE QUE SE COMPARTE

Una científica y músico de jazz son dos de las creaciones de esta artista que hizo un mural por la igualdad con alumnos de los Dominicos de A Coruña

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