Dos mujeres antagónicas a las que poder confiar el presente

La norteamericana Anaïs Mitchel y la islandesa Soléy actúan mañana, a las 20.30, en el Teatro A Fundación de Vigo


Aun sin entender muy bien el concepto de Voces Femeninas con el que se ha bautizado este ciclo, bienvenida sea la iniciativa si propicia la visita de dos artistas con una capacidad de seducción tan abrumadora como la norteamericana Anaïs Mitchel y la islandesa Sóley. No tengo muy claro el que sean precisamente las voces, en el sentido literal del término, lo que engrandece a estas dos mujeres. Pero sí que podría ser asumible si extendemos la acepción de voces para utilizarla como dos de los más destacados y delicados exponentes del quehacer musical de dos puntos casi antagónicos del planeta. A una y a otra merece la pena escucharlas con detenimiento porque en ellas se atisban algunas de las razones que nos llevan a manifestar cierto optimismo respecto al devenir de la música popular contemporánea. Lo que a estas alturas y en este momento ya es mucho decir.

Apuntan los promotores del ciclo que Voces Femeninas su deseo de mantener el compromiso de homenajear a las pioneras y grandes vocalistas femeninas de la historia de la música.

Por ello, este año, la música que sonará antes, entre las actuaciones y al final será de Kate Bush, la primera cantante y compositora en lograr un número 1 en Reino Unido.

Y desde luego, no es descartable que Kate Bush forme parte de los fundamentos musicales de Sóley, como lo formaba de aquella otra islandesa a la que parece inevitable referirse cuando se habla de la música de aquel país. Pero no nos engañemos, Sóley no tiene en realidad tanto que ver con Björk y sí con paisanos más recientes como Sigur Rós o Múm. Y desde luego con Seabear, el grupo del que también forma parte desde el 2007.

Es el suyo un pop que coquetea con lo naif en lo digital y con el folk en sus estructuras. «Folk de brisa marina» lo definieron en una ocasión en acertada metáfora.

Su último trabajo, Ask the Deep, muestran una Sóley más experimental, a la procura de nuevas texturas sonoras, que si bien no son ajenas a las de algunas de las propuestas más populares llegadas desde Islandia sí que gozan de una dulzura y capacidad de sugestión que las convierten en algo realmente personal.

Claro que a la hora de hablar de personalidades, la que resulta verdaderamente apabullante es la de Anaïs Mitchell. Si nos limitamos a decir que su propuesta transita por el trillado territorio del nuevo folk americano podemos quedarnos a menos de mitad de camino de lo que realmente es.

Si añadimos que su personalísima manera de componer y de interpretar ha cautivado a Anni DiFranco, hasta el punto de llevársela a su sello, o que el que posiblemente sea el músico más influyente en lo que llevamos de siglo, Justin Vernon (Bon Iver) haya querido grabar con ella y la haya elegido para abrir los conciertos de la gira de su banda, entonces ya comenzamos a tener una idea más clara de lo que es y lo que representa esta mujer, autora, entre otros trabajos de la memorable ópera folk Hadestown, reflejada después en uno de los mejores discos de esta década.

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