Con 17 años componía para Chico Buarque. Con 26 grabó junto a Vinícius de Moraes y Maria Creuza «La Fusa», el disco más emblemático e influyente de la música brasileña. Ahora, con 70, recupera junto a la cantante bahiana aquel repertorio, al tiempo que mantiene su empeño en darle la vuelta al verso. «Felicidade não tem que ter fim», promulga
08 jul 2016 . Actualizado a las 14:13 h.En un país que asume la música como un culto sagrado Toquinho es parte de la Santísima Trinidad. Y no falta quien le asigne atributos de deidad. Compositor de precoz genialidad fue albacea antinatura de una generación que otorgó a la bossa nova dimensión universal. Una herencia que ha sido quien de administrar desde el respeto y sin perder nunca de vista la necesaria vigencia que aporta la contemporaneidad. El miércoles cumplió 70 años. Esa tarde nos atendió, complacido, desde la habitación de su hotel en Madrid.
-Parabéns pra você.
-Muito obrigado. Ya completo 70 años. No es poco.
-¿Cómo se ve el mundo desde esa atalaya?
-Lo veo igual que ayer. Aunque reconozco que 68 o 69 no pesaban tanto como 70. Pero me encuentro muy bien, trabajo muy tranquilo... No siento esa edad. Pero la tengo, así que intentaré aprovechar todo lo que puede darme de experiencia y de placer.
-¿Se siente heredero de una generación irrepetible?
-Siento que formo parte de una generación irrepetible. Porque no es solo talentosa. Talentos los ha habido y los habrá siempre. Es difícilmente repetible, porque Chico [Buarque], Caetano Veloso, Gilberto Gil, Djavan o yo somos hijos de un momento histórico de Brasil. Y todos seguimos felizmente vivos y trabajando.
-¿Por qué recupera ahora, junto a María Creuza, «La Fusa»?
-No fue una idea mía, fue de la discográfica. La Fusa es un disco que en 46 años nunca ha sido descatalogado y que se sigue vendiendo en todo el mundo.
-¿A qué lo atribuye?
-Quizá porque fue hecho de una forma casi irresponsable. Con muchas imperfecciones, sin retoques. Y creo que esa vertiente humana, ese acúmulo de verdad que conlleva es lo que lo mantiene vivo y le da carisma.
-Vinicius decía que aquellos fueron de los mejores años de su vida. ¿Lo fueron también para usted?
-Los años son buenos cuando los aprovechas. A mí no me gusta nada esa frase de «qué buenos tiempos aquellos». Buenos tiempos son todos. Mi presente es muy activo e intento que sea mejor que el pasado. Como dice Paulinho da Viola, «yo no vivo en el pasado, es el pasado el que vive en mí».
-Hablemos de futuro. ¿Es optimista respecto al de Brasil?
-Sí, creo que vamos a vivir un momento bueno. Solo un país con estructuras fuertes es capaz de hacer la limpieza de la corrupción que Brasil hecho, la más grande de la historia de la humanidad. Por eso creo que tras esta etapa negra se abre una perspectiva buena.
-¿Musicalmente ese cambio tiene también su reflejo?
-Eso no lo veo tan claro. Hoy la difusión de la información musical es tan grande a nivel mundial que resulta complicado generar identidades. Hoy en Brasil la bossa nova se combina con todo. Yo mismo hice hace tres años un disco con un músico de rock en el que fusionamos temas tradicionales con pop y electrónica. Tenemos que estar abiertos a todas las situaciones y siempre intentando ser más joven de lo que somos.
-Gilberto Gil asumió ser ministro de Cultura. ¿Y si se lo hubiesen ofrecido a usted?
-No lo habría aceptado. Yo no conozco a ningún artista a quien le haya ido bien en la política. Seguramente no sabría hacerlo bien y pagaría un precio por ello. Como lo está pagando Gilberto Gil hasta hoy. Yo no habría corrido ese riesgo.
-Aún cree que «tristeza não tem fim, felicidade sim»?
-[Se ríe] La propia vida hace todo por ser triste y aburrida. Nuestra obligación es encontrar caminos para burlar el rigor de lo cotidiano y la tristeza que conlleva. Pero somos nosotros quienes debemos construir esos caminos. La vida no te los va a regalar. Como mucho, te los cambia. Te da juventud pero te da también ingenuidad. Después te quita la juventud pero te da experiencia... Por eso yo me esfuerzo por hacer que felicidade não tenha fim, tristeza sim.
VIGO. Auditorio Mar de Vigo. Sábado 9. 22 horas. 21,60 euros