El cocinero compostelano es partidario de dar más prioridad al peatón
11 ago 2014 . Actualizado a las 06:00 h.Marcos Cerqueiro nació en O Castiñeiriño cuando ser de este barrio o del vecino Pontepedriña era casi convertirse automáticamente en un malote. Y Marcos defiende su condición de teenager malote. De sus años chicos recuerda, y lo hace con añoranza, lo que era un barrio barrio. El campo de las fiestas de San Antón, en lo que ahora es la rotonda de acceso a la ciudad; ir a misa con la abuela; el vermú en el restaurante Paz Nogueira; el monte en el que años más tarde se ubicó El Corte Inglés «onde xogabamos e iamos roubar froitas»; y la avenida do Restollal ahora plagada de carriles y vehículos, y en donde antes «xogabamos ao fútbol poñendo dúas pedras de porterías, e apartabamos cando viña un coche».
Empezó en el Ramón Cabanillas pero al ser un barrio conflictivo sus padres -peluquera y empleado de Iberia-, decidieron hacer un esfuerzo económico y enviarlo al colegio Peleteiro. No es que brillara en los estudios, «era un crápula», pero agradece esos trece años en el centro privado «porque senón non sei que sería de min». El cocinero compostelano, que regenta con su socio Iago Pazos la taberna del Abastos 2.0, el Ghalpón y O Loxe Mareiro en Carril, no sintió los fogones desde la infancia. Su abuelo paterno tenía un restaurante en A Choupana, pero no llegó a conocerlo, y sí, siempre le gustó la cocina, pero fueron las circunstancia vitales las que lo llevaron hacia la hostelería, «e unha confluencia astral», dice, la que desencadenó el nacimiento del proyecto Abastos 2.0.
Como buen malote que era, cuando tras repetir COU y tener que repetir también la selectividad -pero en este caso porque hubo filtraciones-, comenzó la universidad, decidió marcharse de casa «co posto, un pouquiño para liberarme, e foi o meu primeiro vínculo coa hostalería». Eran trabajos para poder mantenerse mientras estudiaba Económicas, la opción por la que se decantó tras desechar Arquitectura por la nota de corte y Bioloxía porque no le veía muchas salidas laborales. «Estiven oito anos tirando da perdiz pero non pasei de terceiro, sempre traballando así que tiña cartos no peto, pero aí foi onde me din conta de que por esa liña non ía ben».
Le llamaba de forma especial la cocina, así que se matriculó en Hostelería en el Lamas de Abade y después se fue a Barcelona ya con su pareja. Estuvo cinco años y tras ese período decidieron que o volvían o se quedaban definitivamente. La llegada fue un shock a nivel gastronómico. Mientras en Cataluña los Adrià y los Roca revolucionaban la cocina y en un menú podías descubrir 20.000 conceptos, en Galicia «desde Tui ata Ribadeo as cartas eran 99 % iguais. Coa historia e o produto que temos en Galicia, pensaba, que pouca autoestima», cuenta. En todo este proceso tuvo mucho que ver Marcelo Tejedor, en cuyo restaurante trabajó un año «e que foi quen me enganchou dunha maneira brutal. Debo darlle as grazas e botarlle a culpa de onde estamos», admite.
Comenzó viviendo en un barrio y 40 años después vive en la rúa de San Pedro, donde ha vuelto a disfrutar de ese concepto. «Reivindico esa vida de barrio na que parece que todo é máis pausado e normal». De hecho, lamenta que aunque Santiago es una ciudad para pensar y andar «non está pensada para iso e segue a ter prioridade o tráfico». Añora también una playa fluvial que acerque la costa a la ciudad, pero no se queja de una Compostela cuyas zonas verdes califica de «luxo» y que por algo es Patrimonio de la Humanidad.
Compostelanos en su rincón marcos cerqueiro rey
Marcos Cerqueiro Rey
Cocinero