Bernardo Feijoo y Josefa Martínez fundaron hace casi 80 años la tienda en la que les relevó su hijo, Gerardo, y su nuera, Palmira. La familia dejará este año el comercio al no haber relevo
18 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Gerardo Feijoo Martínez tenía 5 meses cuando entró por primera vez en la corsetería Imperio. «Obviamente aún no me dedicada a esto», sonríe. «Los primeros 28 años de mi existencia, esta fue mi casa, porque la parte de atrás era nuestra vivienda», indica el comerciante, ya jubilado.
Sus padres tenían un pequeño negocio en Santiago, «pero mi madre fue a dar a luz a casa de mi abuela, en la calle Real, donde nací», cuenta.
«El primer recibo de esta tienda llegó en mayo de 1935», señala. Bernardo Feijoo Álvarez y María Josefa Martínez Fontdevila abrieron su negocio en Elduayen, una calle que entonces era el inicio de la carretera de Baiona. «En la Porta do Sol estaba la capilla de la Misericordia. Como no la querían echar abajo, el tráfico daba un rodeo hacia la plaza de la Constitución, subía por Sombrereros y salía aquí».
De soltero, su padre tuvo una mercería al otro lado de la calle y ya casados, el matrimonio montó la corsetería en el local que entonces albergaba una zapatería.
Cuenta Gerardo que abrieron ilusionados su comercio especializado en ropa interior de señora. «En los recibos de la contribución se hacía constar que trataba de un negocio de ropa blanca. De hecho al principio había textil de hogar, sábanas de algodón, baberos, pañales...», apunta. Allí estuvo su padre hasta que se jubiló y su madre hasta que una enfermedad le impidió seguir trabajando. El fundador falleció en 1962 y su hijo se incorporó a la empresa en 1960: «Hasta que volví de la mili. Antes estudié, aunque no acabé ninguna carrera y tuve otros empleos. Entre ellos, jefe de personal en la fábrica de conservas Mauro Alonso. De hecho, según reconoce, entró en el gremio de los comerciantes porque sus dos hermanos lo dejaron y había que echar una mano. «Uno se fue a Guinea y el otro a América», indica.
Cuando se casó, en 1963, su mujer, Palmira Sánchez Arjones, se sumó a la empresa. Acaban de cumplir sus bodas de oro y ella es la que se ha hecho cargo en solitario de la corsetería desde la jubilación de su marido y de una empleada, Finita Alonso Covelo, que era como de la familia. «Cuando entró tenía 16 años y además cosía por las casas», recuerda. En el local hubo épocas de mucho trajín. Llegaron a tener hasta dos dependientas y una ahijada despachando para dar abasto a la clientela que llegaba hasta de Cangas o de A Guarda.
Pero los tiempos cambiaron mucho. Cambió la zona, que a pesar de estar en el corazón de Vigo, ha perdido pujanza desde aquellos años en que Elduayen, que se llamó también Calvo Sotelo y recuperó el nombre, estaba a un paso del ayuntamiento cuando era en la plaza de la Constitución, los juzgados en Príncipe o Hacienda, en la Alameda. «Antes era el centro geográfico y comercial. Ahora solo lo primero». Gerardo recuerda jugar al fútbol en la calle de niño. «Hasta las 3 se podía. Luego pasaban los tranvías. Cuántas veces, en verano, hacíamos la caja en un par de horas porque paraban en el olivo, donde se despedían los entierros, y la gente venía a comprar antes de irse».
Y cambió un tipo de negocio que empezó con mucha prenda hecha a medida al que luego surtían los viajantes ofreciendo las novedades de las marcas más punteras. El sector se transformó por completo. El cierre durante seis meses, cuando reformaron el edificio, la competencia de franquicias de ropa interior y la crisis les ha hecho desistir de seguir estirando su vida laboral. «No puedes estar siempre en la cresta de la ola. A veces te quedas debajo. Hoy realmente ya no hacemos nada aquí», resume. Por eso han decidido que este año será el último. La corsetería Imperio echa el cierre y según reconocen, lo harán con pena. «Vivimos en el número 6 de esta misma calle y me va a costar lágrimas pasar por aquí y verlo cerrado o en manos de otro», asegura él, barajando la posibilidad de un traspaso. Pero no habrá continuidad generacional porque su único hijo es catedrático de Derecho Penal en la Universidad Autónoma de Madrid y sus nietos son jóvenes y tienen otros proyectos de futuro. Otro imperio que se va.