La primera peluquería de Elena Costas fue el germen de una cadena de academias por la que han pasado tres generaciones familiares y miles de alumnas desde hace 45 años
20 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.De haber nacido en otra época y otro lugar, la viguesa Elena Costas habría fundado un imperio. Por su carácter emprendedor no cabe duda de que lo habría conseguido, porque a pesar de contar con pocos medios, fue la impulsora de una cadena de peluquerías que más tarde se especializó en la enseñanza de esta actividad.
«Mi madre empezó con un pequeño establecimiento en el barrio del Rocío, entre Bouzas y Coia. No estaba hecho ni el polígono. Después subimos para la avenida de Castelao, en un piso, pero manteniendo la primera durante mucho tiempo», cuenta su hija, Victoria González Costas.
Según recuerda, a la matriarca le gustaba tener muchos frentes abiertos, combinar facetas diferentes. «De hecho, lo primero que abrió fue una mercería, pero como también disfrutaba con la peluquería, juntó los dos negocios en el mismo local». En la misma época inicial se ocuparon de regentar un bar en la playa de Alcabre. «Llevábamos las tres cosas entre todos. En el bar estaba mi padre, Manuel González. Cuando cerrábamos el local del Rocío íbamos corriendo a servir las comidas y luego de vuelta a la peluquería. Yo trabajo así desde los 14 años», asegura.
La nieta de Elena, Paloma Meilán, que ya encarna a la tercera generación, apunta que su abuela también era modista. «Tenía visión empresarial y le encantaba idear proyectos. Hacía de todo», insiste.
Victoria heredó la misma disposición que su madre para arrimar el hombro. A su lado tomó contacto con un sector del que pronto supo que sería al que se dedicaría en el futuro. Con 17 años ya estaba trabajando. «Ella me enseñó lo básico, pero quise contar con una formación a mayores y estudié en la academia Arturo cuando estaba en la calle Pontevedra, que no estaba ni urbanizada», cuenta.
El local de la calle Gerona, donde tiene lugar la entrevista, fue el primer paso de una serie de establecimientos que a lo largo de los años se extendieron a O Calvario, A Doblada y Ramón Buch, en A Florida.
Paloma también se incorporó pronto a la empresa familiar. Mientras estudiaba peluquería y estética a los 14 años hacía prácticas en la academia. Su hermano, Iago, también forma parte de la red en la que su función es la gerencia desde hace 7 años. Y el padre, Emilio Meilán, también se ocupa de que los números cuadren al final de cada mes.
Pero lo que definitivamente caracteriza al negocio es su especialización en la didáctica del ramo. Los cuatro establecimientos que tienen actualmente son academias en las que se imparten clases teóricas y prácticas y el de la calle Gerona es además, peluquería profesional. Pero en todas ellas puede acudir la clientela para peinados, cortes, tintes y servicios de estética que ejecutan las aprendices asesoradas por sus profesoras, que en este momento son más de una veintena.
A lo largo de su historia cercana al medio siglo, miles de jóvenes han recibido aquí su formación y muchas se han establecido por su cuenta.
Tanto Paloma como su madre, Vicky, que da nombre a la cadena, coinciden en señalar que lo que más ha cambiado en el sector son «los productos, la manera de trabajar, ya que la gente no quiere esperar ni pedir cita previa, y el reciclaje de los propios profesionales, que cada cierto tiempo van a recibir nociones sobre novedades que van saliendo». La reformulación de los tintes y otras sustancias utilizadas en peluquería ha dado una beneficiosa tregua a la salud de clientes y peluqueros: «Antes había productos muy abrasivos y ahora ni se fabrican, eran nocivos. Afortunadamente están prohibidos por ley», se alegran.
Negocios con historia academias de peluquería vicky