La última oleada de la Encuesta de Población Activa del 2013 ha dejado un titular vergonzante para los agentes sociales: Pontevedra presenta el segundo peor dato de entre las urbes gallegas en cuanto a parados y ocupados. Una tasa de desempleo de casi el 28 % es un indicador rematadamente malo. No hay paliativos. Ni para las Administraciones, ni demás actores. La cada vez mayor dependencia del empleo público va camino de convertir a esta ciudad en un monocultivo de funcionarios, con la única variación del sector servicios donde precisamente se ha concentrado la mayor destrucción de trabajo. Si al crecimiento vegetativo de la población no le acompaña un incremento de ocupaciones en otros sectores que no sean el sector público y, en cambio, crecen las jubilaciones, apañados estamos.