Rozando el gordo

Jorge Casanova
jorge casanova CORISTANCO / LA VOZ

FIRMAS

ANA GARCIA

Acompañamos a una pitonisa fanática de la lotería. No le tocó por un pelo

23 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

No es lo mismo enfrentarse al sorteo de la lotería con cuatro décimos que con cien. Ni es igual elegir el número al que apostar por un pálpito o por la fecha de nacimiento que ser un experto en numerología. Así que, buscando sensaciones fuertes, le pedimos a Luna, la India del Amazonas, una vidente colombiana afincada en Coristanco, que nos permita compartir el sorteo. Lo hacemos en el salón de su casa, donde Luna nos enseña lo mucho que le gusta la lotería. Empieza a sacar décimos y se queda sola. En una libreta los tiene apuntados todos. Y es una larga lista. «Si no arriesgas un huevo, no te ganas un pollo», se justifica.

Con la cantinela sanildefonsiana de fondo, Luna me explica que es profesional del tarot y la videncia: «Nadie puede adivinar el número premiado, eso es imposible, pero sí se pueden saber los números más favorables del año. Otra cosa es que salgan». Para este 2013, los más probables, decía, eran el 5, el 7 y el 3. «Y el 9 que, anda por ahí bailando». La charla, se interrumpe con la excitación de los niños cada vez que cantan un premio. Entonces, Luna abre la libreta y revisa. «¡Uy, por ocho!».

En realidad, con una lista tan larga no es de extrañar que los premios se le acerquen. Pero el que de verdad le va a pasar rozando es el gordo. En cuanto asoma el 62.246 mi anfitriona se sumerge en la libreta y empieza a contar: «un 6, un 46, otro 46...». El rosario se interrumpe con unos cuantos exabruptos al comprobar que en la lista está el 22.246. «¡Por un número. Eso sí que da rabia!». Luna va a contárselo a su marido, que descansa en otra habitación y se lamenta un poco más, por su buena/mala suerte.

Seguimos hablando del azar, de cuando sí le tocó el gordo el año (2007) en que cayó en Carballo y de otros sorteos, porque Luna juega a la lotería todos los sábados, los jueves a la primitiva y en Navidad, claro, es un despiporre: «Llevo demasiada, pero ya sabe lo que dicen, la lotería hay que pagarla y mucha gente me trae décimos de sitios que visitan y te ves obligada a darle otro décimo tú».

Y como Luna atiende a los números que le gustan, a los que coinciden con fechas importantes, a los relacionados con los números del año o con su número personal de la suerte pues es normal que acabe juntándose con esta pequeña fortuna: «El día anterior aún estuve dándome una vuelta por las administraciones de Carballo y de A Coruña a ver qué quedaba por ahí».

De vez en cuando, Luna regresa al gordo que se le ha escapado por tan poco y repasa las terminaciones que ya ha ido marcando en su libreta: «Yo creo que ese año recupero», aventura. Pero no lo sabrá hasta que cumpla con el ritual de ir con todos sus décimos a pasarlos bajo el comprobante de la máquina de la administración. «¡Bueno, si no me tocó es porque no me lo merezco!», concluye para alejar la rabia de lo queda del sorteo. Dice que se conformaría con recuperar lo gastado y se me ocurre una pregunta tonta:

-¿Nunca pensó que todo ese dinero, invertido en acciones de un banco, por ejemplo, le rentaría más?

-¡Los bancos, ja! Con los bancos no quiero nada. No se imagina la gente que conozco que invirtió en los bancos y se quedó sin blanca.

Con tantos décimos, no es extraño que los premios se le acerquen tanto