Desde hace varias semanas las monjas de Santa Clara dan barras de pan a través del torno del convento
04 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Dos carteles con la misma leyenda. Siete palabras sin firma. «Damos barras de pan en el torno». Uno cuelga de la puerta de la iglesia de Santa Clara de Pontevedra y el otro de la entrada del convento. La curiosidad lleva al torno. Hay que esperar. Un hombre que está sentado en un banco aguarda la respuesta de las religiosas al otro lado de ese armazón giratorio de madera que permite pasar objetos y conversar sin que unos y otros se vean las caras. Como dicta la clausura.
«Pregunte ahí, que ya le dicen», indica amable el señor. La clarisa que está al otro lado del torno aclara que es la madre superiora la que puede explicar el porqué de los dos carteles. Y la religiosa lo cuenta con pocas palabras y sin adornos. «Hay gente con necesidad, cada día más, hijiña, es todo. Empezamos hace más o menos un mes. El pan nos lo trae una panadería a través de Andrés (Solla), del Banco de Alimentos».
¿Y cómo surgió esa iniciativa? Pues de una conversación que las monjas mantuvieron con Andrés Solla, voluntario de 70 años del Banco de Alimentos Rías Baixas. Él lo relataba ayer. «Las clarisas de Pontevedra son un referente en la ciudad de humildad y de darlo todo. El pan lo compraban para ellas y un día me dijeron que la gente les pedía pan en el torno y que si podíamos hacer algo», recuerda. El siguiente paso fue ponerse en contacto con Rogelio Acuña, quien enseguida dio el visto bueno.
«Don Rogelio me dijo ??De pan, lo que haga falta??. Las monjas me comentaron que diez barras al día les llegaban, pero le mandan diecisiete, de lunes a viernes», señala Andrés Solla. El voluntario del Banco de Alimentos subraya que la gestión con la empresa de panaderías se hizo mediante una carta y que, en principio, el acuerdo se mantendrá vigente mientras haya necesidad.
Una necesidad sobre la que pivota la conversación de la madre superiora de las clarisas. «Hay necesidad y eso es lo importante. Aquí no les pedimos nada, tampoco queremos que nos cuenten su vida y no les preguntamos nada. Vienen, nos dicen lo que necesitan e intentamos ayudar». Las barras de pan se pueden recoger todos los días -menos los fines de semana- en horario de mañana y de tarde, de 10 a 13 y de 16.30 a 18.30 horas. Se dan en función de la necesidad, añade la religiosa. «Normalmente es una barra por persona, pero depende de la necesidad». Hay jornadas en que se agotan las diciesiete barras. Otras veces sobran y se congelan. «Ese día les decimos que el pan no es fresco y si les vale, pues se lo llevan igual».
Aunque sea a través del torno, la monja está acostumbrada a ponerle voz a la crisis. Son historias similares que se repiten cada día. «Dan angustia. Hay gente que te dice ??cosas de comer lo que sea??. Y le damos lo que tenemos a mano porque con nosotros colaboran instituciones como Cruz Roja y el Banco de Alimentos. Pasta, conservas, a veces leche y gallegas si son familias que tienen niños pequeños», afirma. Lo que quizá diferencia a las monjas de Santa Clara de otras entidades sociales es la privacidad. «Aquí no se pregunta nada», reitera.
«Aquí no se pregunta nada», comenta la madre superiora de las clarisas