Cuando el salmón llegaba a Lugo

El tramo del Miño entre Os Peares y la capital lucense aparece como uno de los mejores cursos salmoneros de España en un libro de 1945


MONFORTE / LA VOZ

El más reciente Atlas de los Ríos Salmoneros de la Península recoge catorce cuencas fluviales de Galicia. En sus mapas figura el tramo del Miño más próximo a la desembocadura, el único en el que se puede encontrar esta especie piscícola tras la construcción de los embalses que jalonan su curso. El padre de los ríos gallegos apenas conserva, por este motivo, 26 kilómetros de masa salmonera. Poca cosa en comparación con los 230 kilómetros que remontaba este pez hace setenta años, cuando se pescaban ejemplares de treinta libras -casi quince kilos- en las cercanías de Lugo. De ello da buena fe en uno de sus capítulos el libro El salmón y su pesca en España, obra colectiva editada en 1945.

Eduardo de la Peña, inspector de los cotos fluviales de la Dirección General del Turismo, firma el apartado del libro titulado Indicaciones sobre la pesca deportiva en nuestros principales ríos salmoneros. El Miño se consideraba entonces, junto al Ulla y los asturianos Deva y Sella, uno de los cuatro ríos salmoneros más importantes de España. «Los salmones, en este río, llegan aguas arriba de Lugo», dice el autor acerca del Miño. Entre sus muchos e importantes afluentes, destaca Sil, Neira, Parga, Arnoia, Tea y Avia, «todos ellos magníficos desovaderos para los salmones».

El Miño es el mayor de los ríos salmoneros de la vertiente cantábrico-atlántica y, sobre el papel, el de mayor capacidad potencial para el desarrollo de esta especie. Una capacidad «que se vio definitivamente mermada, más allá de cualquier posibilidad de recuperación, con el desproporcionado desarrollo hidroeléctrico de su cuenca a mediados del pasado siglo», indica el Atlas de los Ríos Salmoneros de la Península, publicado hace tres años. De acuerdo con sus estimaciones, el área accesible y apta para el desove y desarrollo de los ejemplares de salmón se redujo a un 6% del total de su curso. Actualmente se capturan contados ejemplares en el tramo más cercano a la desembocadura, casi siempre desde barcas y mediante redes.

Redes en la desembocadura

Del Miño se dice que, antes de la construcción de los embalses, era de los mejores ríos salmoneros de España. Documentalmente, sin embargo, parece que el problema de la captura de estos peces con redes viene de lejos. «Debido a ser un río fronterizo, no está muy repoblado de salmón, a causa de permitirse la pesca con red en las aguas internacionales, siendo difícil, por lo tanto, trabar peces, por repartirse los mismos en más de 230 kilómetros», apunta Eduardo de la Peña. La contrapartida a las dificultades para su captura era el buen tamaño de los ejemplares que remontaban las aguas del Miño en busca de lugares adecuados para el desove. «Los salmones de este río -prosigue el autor- suelen ser de un peso muy grande, habiéndose cogido machos, después de desovar, que llegaron a cerca de las 30 libras».

Eduardo de la Peña aconsejaba al pescador probar suerte con la caña entre Ribadavia y Os Peares al inicio de la temporada del salmón. «Este trozo de río es indicado para pescar hasta mediados de abril», señala en el libro. «Mas adelantada la temporada -añade- , debe pescarse en el trozo comprendido entre Los Peares y las proximidades de Lugo, zona de río que guarda bastante salmón durante el estiaje, siendo pueblos indicados para alojarse Chantada y Puertomarín». Debido a la gran anchura del río, la pesca debía realizarse desde una barca con el fin de evitar que quedase «más de la mitad de su cauce sin pescar».

La obra en la que colaboró Eduardo de la Peña reúne además el texto íntegro del libro Ríos salmoneros de España, publicado en 1930 por el marqués de Marzales, y artículos sobre pesca de Luis Vélez de Medrano, Juan del Río, Raúl González Tortosa, Ramón Perochena, Celedonio Zaragüeta, Enrique G. Camino y Luis Pardo.

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